CAUTIVOS Y
ESCLAVOS EN ÉPOCA MEDIEVAL EN LA SERRANÍA DE RONDA
Publicado en “Memorias
de Ronda” nº 4, 2007
CONCEPTOS
GENERALES
El
concepto medieval del cautivo es el de prisionero de guerra, caído en manos de
una sociedad antagónica y de distinta religión, cuya libertad quedaba sometida
a la condición de un rescate.[1]
La
permanencia durante más de siete siglos de la civilización islámica en España
fue la clave principal, para que la esclavitud se estableciera como parte
esencial de la sociedad. Braudel en su estudio sobre las civilizaciones afirma
que el Islam es una civilización esclavista por excelencia.[2]
No
podemos atribuir estas actuaciones particularmente al marco musulmán. En la
zona cristiana existieron muchos moros cautivos. Las razzias por una parte y
las expediciones guerreras castellanas por otra tuvieron gran protagonismo en
el mundo de la cautividad. Las familias más pudientes poseían esclavos moros
con el beneplácito del resto de la comunidad.[3]
Y,
si nos remontamos en la Historia, el tema esclavos-cautivos nos conduce
lamentablemente a épocas despiadadas y crueles en las que el vencido en combate
arrastró penalidades y sufrimientos, hartamente conocidos en muchas
civilizaciones.
La
concepción general sobre el asunto que nos concierne acepta una mejora substancial
en el trato del esclavo a partir de la Baja Edad Media, siendo éste mejor
considerado por sus dueños que en etapas anteriores.[4] No
obstante hay matices diferenciadores entre unas culturas y otras. El trato
vejatorio, concubinato del dueño con las esclavas, el abuso laboral, etc. y el robo,
embriaguez, extorsiones, fugas, etc. entran implícitamente dentro del marco de
la esclavitud.[5]
Tanto
la sociedad medieval como la moderna se habían caracterizado por mantener una
valoración injusta en sus estratos, divididos éstos por categorías con valor
jurídico, sancionado por los reyes y basados en situaciones de índole económica.
Fuera de dichos estratos se encontraban los marginados: esclavos, extranjeros,
moriscos, etc. Conformaban un 10 por 100 de la población[6] y los
esclavos eran totalmente externos en dicha estructura, valorados como bienes
equiparables a cualquier mercancía. Tasados en las compra-ventas, no
presentaban distinción con la de cualquier animal en las mismas transacciones
mercantiles de las que eran protagonistas.[7]
Algunas
legislaciones contemplaban la actuación esclavista, defendiendo el derecho de
estas personas con las más elementales bases humanitarias: integridad corporal,
unidad familiar, matrimonio, etc.[8]
Existieron
voces de protesta hacia los abusos de que eran objetos los esclavos. Sin
embargo no se levantaron esas voces para intentar abolir dicha práctica.
La
presencia de estos grupos marginados fue aceptada, como ha quedado expuesto,
por los ámbitos del poder terrenal. Resulta difícil el aceptar que los poderes
espirituales de las diferentes concepciones religiosas vigentes mantuvieran el
mismo criterio. El concepto del botín de guerra como derecho legítimo y la
utilidad económica que un esclavo aportaba fueron manejados como justificación
razonada. La Iglesia al añadir el carácter de Cruzada limitó esencialmente su
aceptación de la esclavitud, reduciéndola
a la persona de los infieles, cuestión aceptada sin trabas por los
fieles practicantes.
En
el otro extremo el Islam aconsejaba que se tratase bien a los esclavos, aunque defendiendo
crudamente la esclavitud. Para ellos estas personas carecían de derechos y eran
considerados como inferiores en dicha doctrina.[9]
La
época renacentista se impone, rememorando la filosofía de Aristóteles, con la
difusión de sus ideas en su “Política” sobre las desigualdades raciales innatas
(los servi a natura). El Derecho Justinianeo y el Derecho romano son igualmente
aceptados en los apartados que prescribían la esclavitud.[10]
Los
lugares limítrofes al Mediterráneo, sobre todo Italia y España, se
distinguieron, al ser zonas esclavistas por antonomasia. La Península Ibérica,
debido a su eterna lucha por reconquistar lo que había perdido en los siglos
anteriores, mantuvo estas concepciones sobre todo en el sur: Andalucía y la
zona mediterránea.
El
análisis del tema en nuestro país puede ser enfocado en dos vertientes
significativas: Cautivos cristianos aprehendidos por musulmanes y a la inversa;
musulmanes esclavizados por los cristianos.
La
cautividad como tal era para los moros una óptima actividad económica. El
mercado de esclavos proporcionaba cuantiosos dividendos. Muchas guerras de
frontera y razzias se organizaban principalmente para este fin. El destino de
los cautivos surtía muchas veces la mano de obra agrícola y artesanal. Los harenes
de los poderosos musulmanes se vieron embellecidos con la presencia de esclavas
cristianas, concubinas y esposas tomadas contra su voluntad. Valga de ejemplo
la historia tan conocida de Isabel de Solís, hija del gobernador de Martos,
esposa del rey granadino Abu l-Hassan.
La
vida fronteriza ofrecía muchos riesgos, sobre todo cuando expiraba el período
de treguas y aún dentro de éstas, [11]
pactadas por las autoridades de ambas zonas.[12] El
temor al apresamiento, la falta de paz y sosiego, los miedos, el recelo, etc. eran
constantes. Por otra parte la humillación del cautivo y sobre todo el
tratamiento inhumano que recibía el vencido hacía que muchas veces el deseo de
la muerte superara a la existencia de una vida de esclavitud.
En
el marco cronológico que nos ocupa, la llegada de los benimerines protagonizó
las más duras expediciones de saqueo y castigo, devastando todo lo que
encontraban a su paso y capturando miles de personas, de tal forma que estos
cautiverios se extendieron más allá de la zona fronteriza.[13]
Los
apresamientos fueron frecuentes en toda la Edad Media [14] en que
las noticias de estas acciones se encuentran profusamente documentadas, de tal
manera, que en la legislación castellana son repetitivos los escritos alusivos
a cautiverios: Prohibición de cobrar a cautivos cristianos redimidos el diezmo
y medio diezmo de lo morisco al pasar por lugares fronterizos. Idem sobre pago
de los derechos por la cuantía del rescate. En caso de trueque entre moro y
cristiano se debía facilitar el precio para que no fuera excesivo. Cuando
fuesen vendidos moros en almoneda, si se compraban para redimir cristianos,
debían tener preferencia sobre los demás compradores.[15] Sobre
los ganados dados a cambio del rescate de cautivos los almojarifes y “guardas
del sacar” no debían cobrar derecho de diezmo.[16]
Muchas
fueron las formas de obtener prisioneros:
La
aprehensión de cautivos en los mismos términos fronterizos.[17]
La
figura del adalid fue determinante en este tipo de acciones. La Corona creó
institucionalmente esta figura de vigilancia fronteriza, otorgándole todo tipo
de facilidades para que hiciesen captura de todos los moros que encontrasen
dentro de sus límites. Las acciones de muchos cristianos nuevos, cuyas
conversiones recientes no eran ni sólidas ni auténticas, dieron al mundo
islámico muchos cautivos de confiados cristianos viejos.
Pero
fueron las cabalgadas, realizadas por uno y otro bando, las que mayor estrago
hacían. Por una parte los moros africanos arribaban a las costas españolas y
atacaban las zonas cercanas al litoral. El resultado les ofrecía un cuantioso
botín, amén de los cautivos apresados, muchas veces personificados en mujeres,
niños y ancianos.[18] Otras
veces las protagonizaban los castellanos, yendo hacia Fez y Tremecén donde,
efectuadas las cabalgadas, embarcaban, conduciendo a la Península, numerosos
cautivos.[19]
La Corona llevó a cabo el intento de organizarlas, poniendo en Puerto Real la
base de partida. De esta manera quedaría más seguro el quinto real, ya definido
en Las Partidas, intento de fracaso absoluto.
Con
menos incidencia pero igualmente eficaces, se producían cautiverios en los
naufragios de naves que cruzaban el Mediterráneo cerca de las plazas
norteafricanas. En estos casos las posibilidades de escapar eran nulas.
En
la Crónica de Alfonso el Onceno cuando sitia la ciudad de Gibraltar ocurre:
“… ibánse de noche por aquel puerto llano e los
moros que estaban en el camino, tomábanlo todos que no escapaba omes dellos; et
tomábanlo tantos que en Algecira non valía más de una dobla el christiano
cativo…”[20]
Con
el nombre de“El ejercicio del corso” se nominó a las naves de carácter privado
que se ponían al servicio de la armada de cualquier país rivereño de forma
legal, en cuanto se les concedía la autorización de los reyes. Por ella debían
participar en acciones bélicas contra el enemigo, obteniendo de esta manera
grandes beneficios. La Corona igualmente participó de ellos por el quinto real
o quinta parte del botín que habían de entregarles, tributo percibido en
general por toda acción de cautiverio.[21]
Los
corsarios, así nominados, participaban en incursiones berberiscas por las
costas enemigas, ocasionando graves daños. En las protagonizadas por las costas
peninsulares los perjuicios fueron significativos. Los Reyes Católicos hubieron de hacer
llamadas a particulares en repetidas ocasiones, para estimularlos a organizar cabalgadas
por el Estrecho y costas andaluzas con
el fin de rechazar dichos ataques.
No
obstante la masificación de cautivos tomados la proporcionaron las guerras sobre
todo la de Granada. Y específicamente en sus comienzos, cuando la derrota de la
Axarquía proporcionó al mundo musulmán un considerable número de prisioneros,
calculados en 1500, muchos de ellos trasladados a Berbería y otros lugares de
Al Andalus. La ciudad de Ronda albergó en la Mina a muchos cautivos tomados en
esta batalla. En la parte opuesta verdaderos contingentes humanos, procedentes
de las ciudades que habían mostrado resistencia, sirvieron para premiar
servicios a particulares y para alimentar las arcas del tesoro.[22] La
brutal resistencia malacitana por parte de los musulmanes condujo a la
esclavitud a la totalidad de la población superviviente. De 11.000 a 15.000
prisioneros, según las distintas fuentes.[23]
INSTITUCIONES RELACIONADAS CON CAUTIVOS
La
vida fronteriza presentaba una gran complejidad y el entendimiento entre ellos
era muy difícil. Convivían en la frontera un extraño conglomerado marginal de
helches, tornadizos, cautivos, homicianos, etc. Por ello la regulación de
ciertos problemas se intentó resolver unas veces de forma bilateral y otras por
cada una de las partes. De ahí que se establecieran ciertas instituciones
jurídicas o políticas según sus características:
El
alcalde entre moros y cristianos,[24] en
árabe al-qadí o juez de frontera se instituyó con el fin de fallar las
querellas entre castellanos y moros de lugares fronterizos. Fue una institución
nacida de pactos concertados entre los mandatarios musulmanes y castellanos y
con actuaciones independientes en cada parte, tanto en competencias como en
jurisdicción. Al ser la frontera tan extensa, cada juez o alcalde delegaba sus
funciones en otros subordinados. Estos últimos servían como instructores de los
casos, puesto que el fallo había de ser pronunciado por el mismo juez. En cuanto
era probada la responsabilidad del delito, se determinaba un plazo de cincuenta
días para la sentencia del juez de frontera. Si en su lugar se apelaba, el
proceso se traspasaba a la Corona, cuyo fallo era inapelable. Las penas iban
desde la condena a muerte en los casos más extremos a otras de carácter más
leve. Devolución del ganado robado, ídem. de cautivos aprehendidos, etc. La
violación de las treguas concertadas por los reyes era castigada, aunque en la
práctica muchos fronteros infringían dichas órdenes.
Para
estar en condiciones de ejercer el cargo de juez de frontera, exigieron los
monarcas, tanto el granadino como el castellano, que el sujeto fuese persona
relevante, respetada y que gozase de la consideración general de los demás, con
experiencia en política, tanto interior como exterior y conocer bien el
carácter y forma de vida de sus enemigos.[25]
Otra
institución marcadamente fronteriza fue la de los fieles del rastro o
rastreros, individuos que estaban al servicio de los anteriores. Fue una institución
complementaria que, como su nombre indica, eran nombrados para seguir las
huellas del que había delinquido, investigar en el rastro, perseguirlo y
llevarlo ante el juez. Su papel en el tema de la cautividad fue sumamente
importante, siendo indispensable su actuación desde el mismo momento en que se
denunciaba el rapto. Tenían jurisdicción limitada dentro del término en que
ocurriera el hecho delictivo. Para ello debían ser buenos conocedores del
terreno y tener gran habilidad en el seguimiento de las huellas. En caso de
llegar a los confines de su jurisdicción sin encontrar al delincuente, el
rastrero cedía su pesquisa al compañero del lugar colindante.
Los
lugares de la Serranía de Ronda con la ciudad a la cabeza serían mudos testigos
de innumerables acciones en el seguimiento de los rastros ocasionados por
hechos de esta índole. Los reiterados ataques que los moros habitantes de
nuestra zona realizaban contra los lugares ya castellanizados de Olvera, Morón
Osuna, etc. y el resto de la llamada “Banda morisca”, abarcando toda clase de
delitos, provocaron la actuación continuada de los fieles del rastro, como
quedan registradas en numerosos documentos relacionados con los pueblos
antedichos. También queda constancia de las buenas relaciones sostenidas por
las autoridades de dichas zonas, dispuestos a colaborar en muchas ocasiones.
No
hay que olvidar sin embargo las duras épocas de enfrentamiento y lucha. En esos
momentos el almocadén de la tierra era el encargado de encabezar las
expediciones de represalia o de botín contra el enemigo. Sus funciones se
dirigían a vigilar los caminos fronterizos, espiar y seguir el rastro de los
almogáraves granadinos u hombres de guerra.
Un
papel importante en estos momentos correspondía al adalid, jefe, guía y capitán.
Será responsable de los hombres que estaban bajo su mando y que confían en su
habilidad y experiencia. Este cargo de adalid asumía el peligro, la audacia, la
aventura… Había de conocer bien a sus hombres, así como la zona donde iban a
actuar. Se complementaba con las figuras de los almogáraves. Ambos hacían
realidad el canje o rescate de cautivos y se servían de los trujamanes o
intérpretes.
La
Serranía de Ronda conocía bien estos oficios. Fueron numerosas las cabalgadas
que se efectuaban para aprehender ganado, cautivos, etc. La documentación de
estos hechos es abundante y son repetitivos en la historia musulmana de esta
tierra. Por citar una, en 1478 don Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos, hace
una cabalgada contra Grazalema. En 1481 saquea e incendia Villaluenga y
posteriormente llega hacia Ronda donde destruye la torre del Mercadillo.
El
tema de la cautividad fue sin duda el más cruel y habitual en la zona
fronteriza. La inseguridad que generó el contacto entre dos sociedades
hostiles, la continuidad de la violencia que provocaba la proximidad del
enemigo y el lucrativo comercio que seguía a estas acciones dan idea del fin
que muchas cabalgadas y razzias perseguían. Es así que, tanto por parte
musulmana como castellana, se plantearon la creación de una institución
dirigida a este tipo de delitos: La alfaquequería, cuyo fin era mediar en la
redención de cautivos en la frontera de Granada
y en la zona norteafricana.[26] Fue
considerado como uno de los grandes oficios de la administración central en la
frontera. Hasta el reinado de Alfonso X el rescate de cautivos se hacía por
particulares o por los religiosos redentoristas. En las Partidas se reglamenta
dicha actividad, cuando la Corona considera de vital importancia su control. El
Ordenamiento de Toro de 1368, las Cortes de Alcalá de Henares de 1348 y las
Cortes de Toro de 1371 complementan la normativa por la que se debía regir
dicha institución.
Se
componía de un alfaqueque mayor, personaje representativo de la Corona,
auxiliado por alfaqueques menores o municipales, uno por cada sector
fronterizo. Si particularmente se quería redimir a un cautivo había que pedir
licencia a instancias superiores. Las negociaciones podían hacerse mediante
canje: un cristiano por un moro o viceversa, o bien por pago de un rescate,
como ha quedado expuesto. Los alfaqueques fronterizos debían dominar bien los
dos idiomas para poder negociar con holgura. El alfaqueque serrano, cuando
desempeñaba su oficio, debía portar el pendón de la ciudad de Ronda. Muchos
alfaqueques menores fueron acusados de soborno y espionaje por los propios
concejos fronteros. El de Ronda tenía su residencia habitual en la ciudad,
aunque podía ejercer su oficio en toda la Serranía. Por cada rescate y según
las dificultades que presentaba, el alfaqueque menor recibía una remuneración
que en Ronda se cifraba en unas cinco doblas castellanas por término medio, sin
ser esta una cifra exacta, dependiendo, como ha quedado expuesto, del trabajo y
gastos que realizase.
Otros
lugares, como Zahara, clasificada como “puerto seco”, estaban dotados de esta
institución.[27]
La función del alfaqueque podía realizarla cualquier particular que se dedicase
a buscar la huella de algún cautivo. Tenia que pedir licencia a instancias
superiores. Este trabajo se hizo bastante remunerativo, dado que el sufrimiento
de la pérdida de un familiar y el deseo de su recuperación hacía poner todos
los medios económicos posibles, para llegar a buen fin. La movilidad de un buen
alfaqueque era considerable, viajando a Berbería, si el rescate así lo exigía o
si había que dirigir la búsqueda a otros lugares peninsulares.[28] Otras
personas complementaban estas gestiones, casi siempre de forma ilegal;
mercaderes, marinos, aventureros, etc. cuyo fin el de enriquecer sus arcas,
mediante el fraude y otros medios ilícitos oscurecieron la tarea redentorista.
De ello se deduce el aspecto lucrativo de estas acciones. Muchas veces la
intervención del rey mediante escritos o trámites diplomáticos hacía posible la
liberación de cautivos.
Las
órdenes religiosas consideraban la redención como un deber moral que habían de
afrontar. Comenzó esta actividad la Orden militar de Santiago, dedicando las
rentas de unas casas que poseían, para este fin. Las órdenes que más se
entregaron a esta función fueron la de los Trinitarios y la de los Mercedarios.
Rentas de casas, limosnas, beneficios eclesiásticos, mandas testamentarias,
etc. fueron dedicadas a la recuperación de cautivos. Hubo que salvar muchas
dificultades pero su espíritu de entrega les proporcionó la satisfacción de
realizar una labor encomiable. Actuaban paralelamente a los alfaqueques, sin
que hubiese enfrentamientos ni obstáculos entre unos y otros.
En
muchos casos se resolvían los rescates con la devolución del cautivo a cambio
de la aprehensión de uno o varios voluntarios que quedaban en su lugar. Es el
caso de Diego de Zurita, alcaide de Arcos que deja a su hija Inés, a su sobrino
Lorenzo y a dos criadas, Catalina y Aldonza, obteniendo la libertad con esta
permuta y condicionada a su resolución definitiva. Por la tregua de 1439 serían
devueltos estos cautivos.[29]
Y es
que las treguas pactadas por los reyes musulmán y castellano, en la que los
primeros admitían el vasallaje a Castilla, consideraron de manera prioritaria
dos elementos fundamentales: Las parias que habían de ser entregadas y el
rescate de cautivos.
La
tregua citada, pactada entre Juan II de Castilla y Muhammad IX de Granada, nos
proporciona algunos datos interesantes sobre la cautividad:
Los
sujetos más relevantes en la diplomacia serían el Alfaqueque Mayor y alcaide de
Granada, Alí ibn Said al-Amín y don Iñigo López de Mendoza. Por este tratado se
comprometía el rey Muhammad IX a entregar en tres pagas, un total de 550
cautivos cristianos, 30 de ellos elegidos por Juan II; “moços, viejos, niños
e mugeres”. [30]
El pacto fue respetado y cumplido
con creces, pues a los 550 cautivos tratados en el rescate, se añadieron 88
prisioneros más, haciendo un total de cristianos devueltos 638.
INCIDENCIAS DE LA CAUTIVIDAD EN TIERRAS DE RONDA
Al
margen de las relaciones típicamente económicas en los lugares fronterizos, que
invitaban entre otras actividades al pacer y comerciar, amén de cortos lapsus
de negociaciones y treguas locales, las relaciones bilaterales entre los
pueblos musulmán y cristiano iban encaminadas a perpetuar las diferencias
insalvables que permanecían presentes. Por ello la violencia se imponía en
múltiples aspectos: robos, cautiverios, represalias, prendas, etc.
La
práctica de negociar las treguas servía en algunos momentos para atenuar la
beligerancia, cosa que no siempre ocurría o llegaba tardíamente, a ciertos
lugares de la frontera. La debilidad en que iban cayendo los nazaríes hizo que,
al reconocer la superioridad castellana, vieron como una buena salida la
negociación de las treguas. A Castilla le convenía esta medida, pues además del
respiro que la paz le confería, recibían en concepto de parias bienes en
especie o metálico y sobre todo la liberación de cautivos según los tratados.
La
frecuencia de aprehensiones en la Serranía de Ronda se daría más abundantemente
en etapas posteriores, sobre todo después de ser tomada Sevilla por Fernando
III y con Alfonso X al ser consolidada la plaza de Jerez. La proximidad de la
Banda morisca acercó las acciones guerreras cada vez más a la Serranía. Ambas
zonas mantuvieron contactos violentos sobre todo después de caer aquella zona
en manos cristianas. Igualmente ocurrió en las plazas de Olvera y Torre
Alháquime pues las razzias y algazúas fueron repetitivas. Unas veces partirían
desde Morón, Écija, etc.[31] y otras
serían los rondeños y serranos los atacantes. Tras un ataque de los rondeños
por tierras moronenses los cristianos, hombres de pie y de caballo siguieron el
rastro hasta llegar a términos de Pruna y Zahara, llegando hasta Audita.
Seria
demasiado prolífera la enumeración de tantas acciones de capturas y raptos en
tierra de Ronda. No obstante su interés obliga a una enumeración, aunque somera
de ellas.
Toda
la Serranía sobre todo por el sector fronterizo reunía las condiciones idóneas
para que los almogáraves o gandules realizasen sus actividades violentas. Esto traía como consecuencia una constante
inquietud entre viandantes, agricultores, ganaderos, etc. que no podían ejercer
sus tareas con tranquilidad. Por ello la búsqueda entre las autoridades locales
de algunos períodos de paz, al margen de las treguas establecidas por los
poderes centrales, fue evidente.
“…
Cada sector de la antigua frontera de los s. XIII y XIV, durante el s. XV se
convierte en una frontera local y particular, cuyos protagonistas son de parte
cristiana y granadina los respectivos alcaides y qaídes de las fortalezas
cercanas y enfrentadas a una y otra parte de esta frontera local…”[32]
Son
muchos los episodios en que se hacen negociaciones entre los poderes rondeños y
otros de lugares cercanos:
“…
yendo cabtivos los vezinos de la dicha villa oyó dezir este testigo al alguazil
de Ronda, y llorando que porque los moros dixesen que era christiano avía
venido a tomar la dicha villa…”[33]
O
bien:
En
1420 el alcaide de Ronda mandó ejecutar un cristiano renegado y a dos cautivos
moros, fugados, que habían asesinado al caballero jerezano Rodrigo de Vera y
raptado a dos de sus hijos, quienes fueron inmediatamente puestos en libertad
por ser esa época de treguas.[34]
En
una carta de las autoridades rondeñas y de Setenil al conde de Arcos se dice:
“…
nos son levados dos moros de término desta cibdad y a los fechos saber que
están en Osuna…”[35]
Y en agosto de 1393 Alonso Fernández Melgarejo
recibió 6.000 maravedís para ir con 10 lanceros a entrevistarse con el alcaide
de Ronda y otras autoridades serranas. El fin era determinar algunos servicios
que habían de prestar a la Corona.[36]
En
1431:
“…
sabía por un moro que había traído cautivo el adalid Juan Vindo que los de Ximena
se disponían a correr la tierra, pues habían recibido del rey de Granada un
socorro de 150 jinetes…”[37]
Las
distintas treguas pactadas por los reyes dieron en ciertos momentos un respiro.
En muchas ocasiones serán violadas, como se constata por la de 1450 en la zona
serrana de Ronda:
“…
Pese a la citada tregua, el nuevo año se inicia, a nivel local, con ciertas
tensiones derivadas de la vida fronteriza, robos y cautiverios
fundamentalmente, por uno y otro lado de la frontera, y en las que jugaron un
importante papel los alfaqueques como García Alonso, quien con motivo de su
estancia, finales de diciembre de 1456, en la sierra de Villaluenga y en Ronda
había mantenido conversaciones con Benahaxin y otros moros principales de la
zona…”[38]
Y
durante esta misma tregua, son los musulmanes de Ubrique los que envían una
carta al concejo de Jerez:
“…fazen
saber que los caballeros de Ximena mataron e troxeron çinquenta moros de
Marbella porque se alçó contra el rey Ysmael…”[39]
A
pesar de todo, se constata el esfuerzo que hacen los mandatarios de la sierra
de Villaluenga y los cabeceras de Ronda por mantener la paz con Arcos y Jerez
enviando sus cartas para pactarla. En algunos casos la fama de la persona es la
que decide el cautiverio:
En
1455 las autoridades de Ronda permitieron que el alfaqueque Alonso García de
Haro se llevase a un prisionero cristiano con la promesa que le sería devuelta
una mora cautiva en Arcos, gracias a la garantía que poseía su palabra.[40]
La
mayoría de las veces la actuación de los alfaqueques fue decisiva en la
recuperación de cautivos: Diego Ruiz, como alfaqueque fue a rescatar e sacar
algunos moros “que traxeron cabtivos quando el duque quemó a Villaluenga y que
un año antes que Zahara se perdiese este testigo venía de Ronda y traya dos cristianos
rescatados”.
De
nuevo en marzo de 1455:
“…
Llegó a Jerez el alfaqueque García Alonso de Haro y llevó cartas a Ronda y
Gibraltar, Ximena y sierra de Villaluenga. Algunas veces las cartas de los
tratados eran enviados por algún cautivos que hacía de mensajero y a cambio se
le daba la libertad…”[41] En las
reuniones de carácter local uno de los puntos fundamentales que trataban era la
del rescate de cautivos.[42]
Pero
a pesar de la necesidad perentoria de mantener ciertos contactos unilaterales
que habían de llegar a uno u otro acuerdo fronterizo, también el contacto
conducía en ciertos casos a la queja, según los incidentes que se produjeran.
Las autoridades rondeñas se quejan ante don Juan Ponce de León:
“…
en otra tal tregua como esta levaron tres muchachos del término desta cibdad de
Montexaque e que por esta cabsa se rebolvió la guerra por do están perdidos
asaz moros e cristianos e muchos ganados de una parte a otra, segund sabe
vuestra señoria. E agora avemos savido que don Rodrigo, vuestro fijo, se mobía
para venir a correr a esta tierra e enbió caballeros e lebaron un moro desta
tierra…[43]
La
actitud de los moros de Granada destacaba por su dureza:
“…
los moros de Granada vienen a los lugares de Málaga, Vélez-Málaga, Ronda y su Serranía,
Axarquía y Garbia con armas y hacen cautivos y otros delitos.[44] Los
Reyes Católicos piden al rey de Granada que haga pregonar en su reino que
ningún moro vaya a los lugares citados con armas, bajo pena de ser
aprehendidos. En otros momentos dan comisión al bachiller Serrano para que
saque a los cristianos cautivos de la Serranía que fueron tomados cerca de
Marbella. Piden que se informe sobre cuáles son estos presos y cuáles fueron
muertos. También que trate sobre la libertad de los que se llevaron a África,
haciendo expresa mención de Juan Martínes y Leonor Alfon, su mujer.[45]
Otras
veces serán los cristianos los que con su actitud provoquen situaciones
difíciles: En 1483 después de conquistada Zahara por don Rodrigo Ponce de León
y haber concedido la libertad a todos sus moradores, ciertas personas de sus
mesnadas intentan desobedecer sus órdenes:
“… e
por el dicho Pedro de León me fue fecha relación (expone el rey don Fernando en
una carta) diziendo que se teme e reçela que algunos caballeros e otras
personas de mis reynos e señoríos o de otras partes le quieran tomar e ocupar e
tener para cativo o esclavo, diziendo que no es libre…” [46]
Después
de conquistada la tierra, los Reyes Católicos dan una carta de perdón a los
moros de Benadalid y entre otras cláusulas en las que ponen condiciones se
encuentra:
“…
paguen (los moros) el rescate de cautivos cristianos que lo han sido por causa
de los moros…”
“…
no acoger a ningún malhechor de los huidos ni a los que ahora asaltan a
cristianos, sino lo comuniquen a las justicias para ser cogidos y castigados…”[47]
En
los numerosos pleitos que sostiene la ciudad de Ronda con los lugares
limítrofes las probanzas de testigos dan a conocer numerosos casos de cautivos.
Los
llamados gandules, moros organizados en patrullas, asaltaban por sorpresa a
pastores, agricultores y caminantes de la zona fronteriza, ocasionando robos,
muertes y cautiverios de cristianos.[48]
En
los arriendos de los vecinos de Cortes éstos vigilaban a los ganados que iban a
pacer a sus términos y muchas veces surgieron problemas con los de Alcalá de
los Gazules:
“… porque otros moros de otras alquerías de
aquella tierra no los cativasen ni hiciesen danno pues que venían a aquella
tierra por su hervaje…”[49]
Entre
algunos cautivos tomados en la Sauceda, lugar de Cortes, citamos:
“…
Los moros de Cortes tomaron a un cristiano viejo de la villa de Ximena. Los de
Cortes tomaron el rastro y nunca lo hallaron. Los cristianos de Ximena hicieron
prendas en los moros de Cortes y los otros también…”[50]
“…
Juan Jubeire, cristiano nuevo estuvo cautivo en la ciudad de Xerez…”
“…
Alonso García, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez seis años …”
“…
Bartolomé Martines Mazaru, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez diez años…”
“…
Antonio de Fonseca, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez doze años…”
La
captura de prisioneros sigue produciéndose.[51] Como
ejemplo podemos citar a Zahara, nuevamente conquistada en 1481 por un escalador
de Montejaque, al-Hedrieli, ayudado por varios moros. Hicieron cautivos a
mujeres, niños y ancianos y a unos 26 hombres.
Igualmente
en las probanzas del pleito por Zahara un testigo depone:
“…
todos los vezinos de la villa fueron presos y sus mugeres e fijos, salvo 7 o 8
que eran omes por casar y fuyeron descolgándose por los adarves…”[52]
“…
Antón de Barajal testifica que con otros compañeros “… entraron a tierra de
moros en almogavaría a pie, estando puestos en salto para tomar algunos moros
que viniesen y vinieron 99 de cavallo, moros de Setenil e cautivaron a este
testigo e a otros 17 dellos…”[53]
“…
Los vezinos de Zahara después de la toma de la villa, a fines de 1481 fueron
agrupados todos en la casa del bastimento y los tuvieron allí fasta que los
enviaron a Ronda…”[54]
Son
muchos datos importantes los que hemos de omitir en este Artículo. Es
significativo que durante la Guerra de Granada los Reyes Católicos dejaron en
libertad a muchos musulmanes vencidos, como es el caso de Ronda. En Málaga, la
cautividad abarca a la totalidad de su población.[55]
Es
de justicia el reseñar la sobrecogedora narración que nos hace el insigne
historiador Moreti, de sobra conocido por todos los amante de la Historia de
Ronda sobre los cautivos hallados en la Mina durante la toma de la ciudad por
los Reyes Católicos:
“…
En seguida procedieron a la entrega de cautivos, sacados de las mazmorras y los
Baños, en donde los tenían, más de tres
mil de ellos, cuya miseria y desnudez causó profunda sensación en los
cristianos. El estado lastimero en que se presentaron, confundidos, entre
asquerosos harapos (…) pues los pobres que salían de las prisiones que la
brillante luz de libertad les había roto, ya no eran hombres, fieles trasuntos
de la muerte, apenas podían tenerse…”
“…
su Alteza cerraba aquel cortejo religioso (…) tras los que continuaban los
cautivos que, ya en libertad, traían a hombros las cadenas que antes los
aprisionaron…”[56]
Y
aún conquistada la tierra y en poder de los cristianos, moros huidos al norte
de África volvían y confabulados con otros, hacían prisioneros, para llevarlos
y venderlos como esclavos. Refugiados en la intrincable Serranía, asaltaban a
todo el que se ponía a su alcance. Es de destacar el horrendo castigo que
recibió un “colaborador” de una cuadrilla: Francisco el Quexí, cristiano nuevo,
por orden del corregidor Alonso Mudarra en la ciudad de Ronda. Es condenado a
una muerte atroz por toda su trayectoria y por su colaboración en el
apresamiento de una familia que se trasladaba de Villaluenga a Ronda y en
Foreila son asesinados los dos hijos mientras los padres y una hija son
trasladados a África para proceder a su venta como esclavos.[57] Las
acciones persecutorias durarán hasta después de las rebeliones moriscas,
castellanizada la tierra totalmente. Después vendrán los peligros de los
piratas que asolarían nuestras costas en los siglos venideros.
[1]
RAMOS LOCERTALES. El cautiverio en la Corona de Aragón durante los siglos XIII,
XIV y XV. CSIC, Valencia, 1978. pp. 32, 33 También: “… hasta la conquista de la
Serranía de Ronda su situación jurídica (los esclavos) se confunde con la de
los cautivos”… PÉREZ GALLEGO, M.: El concejo de Morón, 1991, nº 2 Desde la Frontera, Rev. de temas moronenses,
p. 143
[2] BRAUDEL, F.: Las civilizaciones actuales. Madrid,
1---- p. 125
[3]
En la tregua de 1439 se trata la devolución de ciertos cautivos. El rey de
Granada devolverá a Alfonso de Estúñiga y el rey de Castilla al alcaide
Abrahem, hijo de Zaide Alamín. MATA DE CARRIAZO, JUAN de: Un alcalde entre los
cristianos y los moros. Al Andalus XIII, 1948, nº 23 pp.35-95
[4]
FRANCO SILVA, A.: La esclavitud en Castilla durante la Baja Edad Media. H.I.D.
nº 6, 1979. pp. 113-127
[5]
ROJAS GABRIEL, M.: La frontera entre los reinos de Sevilla y Granada en el
siglo XV. (1390-1481) Cádiz, 1995, pp. 214-215
[6]
DOMINGUEZ ORTIZ, A.: El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias.
Alianza Universidad. Hª de España Alfaguara III, 1981, p. 104
[7]
Mª PRESENTACIÓN PEREIRO BARBERO. “Esclavos en Málaga en el s. XVI. Arcaísmo
productivo/cohesión ideológica. BAETICA, 8. pp. 321-329
[8]
LADERO QUESADA, M.A.: La esclavitud por
guerra a fines del siglo XV. El caso de Málaga. Rev. Hispania nº105, 1967, pp.
63-88
[9]
ROJAS GABRIEL, M.: La frontera entre los reinos de Sevilla y Granada en el
siglo XV. (1390-1481), Cádiz, 1995
[10]
DOMINGUEZ ORTIZ, A.: Ibid. P. 178
[11]
LADERO QUESADA, M.A.: Ibíd. P. 65
[12]
MATA CARRIAZO, J. de: Las treguas de 1450 y la guerra civil granadina. Estudios
sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de la Conquista de
Málaga. 1987, p. 9 y ss. Ed. López de Coca.
[13]
ROJAS GABRIEL, M.: Ibíd.
[14]
Recuérdense las expediciones de Almanzor.
[15]
LADERO QUESADA, M.A.: Ibid. P. 66 y “Los mudéjares de Castilla en tiempos de
Isabel I. Colección Documental nª 83, Valladolid, 1969
[16]
ROYO BERMEJO, A.: Isabel, reina de Castilla. V Centenario. Rev. Historia
nº 334, 2004, p. 107
[17]
En el caso de Ronda y su Serranía esta forma de cautiverio fue común.
[18]
ROYO BERMEJO, A.: Ibíd. P. 96
[19]
LADERO QUESADA, M.A.: Andalucía en la Baja Edad Media. Universidad de Cádiz,
1999, p. 82
[20]
Crónica de don Alfonso el Onceno, (Biblioteca de Autores Españoles, tomo 66)
Madrid, M. Rivadeneyra editor, 1875, Cap. CXXI
[21]
La Serranía de Ronda se abstuvo en muchas ocasiones de pagar este concepto. Las
paces locales, tratadas, a espaldas de los poderes centrales paralizó en manera
estas acciones. ACIÉN ALMANSA, M.: “Ronda y su Serranía en tiempos de los Reyes
Católicos” Málaga, 19 p. 138
[22]
DOMINGUEZ ORTIZ, A.: El Antiguo Régimen. Los Austrias. Historia de España
Alfaguara III, 1981, p.179
[23]
Ibíd.: La esclavitud por guerra a fines del siglo XV. El caso de Málaga. Rev.
Hispania, 105. p. 70
[24]
Véase Mata Carriazo, Juan de: Un alcalde entre moros y cristianos. Ib. Como
institución se inaugura en 1405-1406. TORRES DELGADO, C.: “Liberación de
cautivos del reino de Granada. Siglo XV” La España Medieval, 3 (1982) p. 640
[25]
La falta de datos sobre los personajes que personalizaban estas instituciones
en la tierra de Ronda puede deberse al carácter autonómico con que nuestros
lugares se definían, no por su inexistencia pues cada sector fronterizo poseía
nombramientos al respecto.
[26] GARCÍA
FERNÁNDEZ, M.: La alfaquequería mayor de Castilla en Andalucía a fines de la
Edad Media. Los alfaqueques reales. Estudio de Málaga y el Reino de Granada en
el V Centenario de la Conquista. Excma. Diputación de Málaga, 1987. pp. 37-54
[27] Los
“puertos secos” fronterizos eran considerados lugares obligados a “sacar”
cautivos. Se decide su ubicación en el tratado de treguas de 1439 entre
Castilla y Granada y ordenado por el rey Juan II. “… El rey de Castilla ha de
dar tres puertos abiertos a saber: Alcalá la Real en el Obispado de Córdoba,
Huelma, en el Obispado de Jaén y Antequera o Zahara en el Arzobispado de
Sevilla…” MATA CARRIAZO, JUAN de: Un alcalde entre los cristianos y los moros.
Al Andalus XIII, 1948, nº 25, p. 60 También: TORRES DELGADO, C.: Liberación de
cautivos… p. 641
[28] Muchos
esclavos cristianos se encontraban repartidos en lugares como Bugía, Argel y
Orán, dada la costumbre musulmana de conducirlos a las plazas norteafricanas, a
medida que los cristianos se adentraban en territorio nazarí durante la Guerra
de Granada.
[29]
TORRES DELGADO, C.: Liberación de cautivos… p. 644
[30]
TORRES DELGADO, C.: Ibíd. P, 649
[31]
“…Morón era un enclave fronterizo siempre amenazado por los moros de la
Serranía de Ronda…” GONZÁLEZ JIMÉNES, M.: Morón de la Frontera a comienzos del
siglo XV. A.E.M. nº 17, 1987, pp. 401-413 También: “… la constante amenaza que
siempre significaban las entradas y merodeos de la almogaravía rondeña…” ROJAS
GABRIEL, M.: Ordenanzas otorgadas a Morón de la Frontera.por Alfonso Téllez
Girón (1462) Desde la Frontera, Revista de temas moronenses., 1993, nº 6, pp.
31-46
[32] TORRES
DELGADO, C.: La fortaleza de Zahara de la Sierra. Pérdida y recuperación.
La incorporación de Granada a la Corona
de Castilla. Excma. Diputación de Granada, 1993, p. 351
[33]
Ibíd.: Probanza 2, pret. XXIII, testigo XXX
[34]
Ibíd.: p. 187
[35]
Ib. P. 188
[36] ROJAS
GABRIEL, M.: Ibid. P. 163
[37]
RALLÓN E.: Historia de la M.N. e M.L. ciudad de Jerez de la Frontera. Jerez
1860, p. 79
[38]
ABELLÁN PÉREZ, J.:La ciudad de Jerez de la Frontera y el Reino de Granada.
Academia Scientiarum Fennica. 2006, p. 106
[39]
Ibíd.: p. 82
[40]
ROJAS GABRIEL, M.: Ibíd. P. 230
[41]
Ibid.: p. 173
[42]
Ibid.: p. 175
[43]
Ibíd.: p. 185
[44]
R.G.S. 1488, junio, 6, fol.165
[45]
R.G.S. 1490, agosto, fol. 13
[46]
R.G.S. diciembre, 1483, fol. 13
[47]
R.G.S. 1493, julio, 13, fol. 55
[48]
SALAS ORGANVIDEZ, A.: La transición de Ronda a la Modernidad. Ed. La Serranía y
Real Maestranza de Caballería de Ronda. 2004. Los capítulos III, IV, V y VI
contiene abundantes datos sobre la actuación de esos bandidos y otros más sobre
cautiverio.
[49]
ACIÉN ALMANSA, M.: Ronda y su Serranía en tiempos de los Reyes Católicos. P.
137
[50]
Ibíd.: y A.R.Ch.G. 5133, Fol.. 49, 55, 68, 102v,130v, 152v, 156v.
[51]
TORRES DELGADO, C.: Ibid.: p. 356
[52]
ROJAS GABRIEL, M.: “ Ibid. P. 209
[53]
Ibíd.: p.211
[54]
Ibíd.: p. 214
[55]
LADERO QUESADA, M.A. La esclavitud … Rev. Hispania, 105,
[56]
MORETI, J.J. Historia de Ronda. Fundación Unicaja, 1993, pp. 428-429
[57]
SALAS ORGANVIDEZ, Mª A.: Pleito entre Ronda y la villa de Cortes por los
términos de Alais y Pulga (1541) Aún sin publicar.