viernes, 4 de diciembre de 2015

RELACIONES ENTRE RONDA  Y SU SERRANÍA CON ARCOS DE LA FRONTERA EN LA EDAD MEDIA, SEGÚN EL INSIGNE ARCENSE, DON MIGUEL MANCHEÑO Y OLIVARES

Mª Antonia Salas Organvídez


La historiografía medieval y sobre todo la concerniente a la segunda mitad del siglo XV es explícita en numerosos episodios acaecidos en Andalucía. Cuando el poder musulmán se hallaba reducido al ámbito del reino nazarí de Granada, la belicosidad toma protagonismo en nuestro suelo de forma implacable, aunque otros momentos de la Historia también narran sucesivos enfrentamientos entre los dos bandos.
Desde 1248  Fernando III el Santo toma Jerez de la Frontera; esta toma fue muy efímera, realmente es su hijo Alfonso X el Sabio el verdadero conquistador de esta zona. Desde entonces Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera se consideraron como verdaderas avanzadillas cristianas en el valle del Guadalete. Y sobre todo esta última ciudad sufrió notablemente los repetidos ataques de la morisma circundante, dada su ubicación verdaderamente fronteriza y por ello llena de continuos peligros. Cercana a baluartes musulmanes considerables, como Cardela, Garciago, distantes unas cuatro leguas y con la ciudad de Ronda como núcleo principal musulmán,  igualmente próxima, nos dan idea del estado de alerta en el que Arcos vivió durante mucho tiempo.
El presente artículo recoge algunos episodios acaecidos que nos darán una idea de cuáles fueron las relaciones entre las ciudades de Ronda y Arcos.[1]
Respecto a la invasión almohade en 1146, su emir Abd al-Mu´min envía desde África a su general Abu-Amram (Barraz) que desembarca en Algeciras y conquista Sidonia y Jerez. En su lucha por desbancar a los almorávides los somete en Córdoba. Mientras, el alcaide de Arcos, Abul Hanri, en contra de los nuevos invasores, se apodera de Ronda y hace prisionero a su alcaide Achil. El triunfo en toda la Península de los almohades hace a Arcos sucumbir y entrar en la nueva órbita de los conquistadores.[2]
Más tarde, en 1223 y muerto Almostansir, fue elegido como emir Al-Mumin, encontrándose con un fuerte competidor: Abu Zakaría Jahye a quien seguía el sur de Andalucía. El encuentro entre los rivales se dio entre Sidonia y Arcos donde triunfó el primero. Jahye tuvo que refugiarse en los montes (probablemente en la Sierra del Valle, ¿Alcalá del Valle?). Desde allí halló prosélitos en la Serranía, donde siguió su lucha, sobre todo en Cortes y Jimena. [3]
El antagonismo entre Ronda y Arcos se recrudece desde el momento en que esta última ciudad cae en manos cristianas en septiembre de 1255. En estos últimos tiempos había sido patrimonio de una mora principal, la cual no se resignó a perderla. Sus habitantes, recién sometidos, decidieron alzarse contra los cristianos y de acuerdo con los musulmanes de Ronda, una noche les abrieron las puertas de una de las torres, cercana a la Puerta de Matrera, dando así entrada a los rondíes.
Los castellanos se defendieron durante dos días, logrando al fin expulsar a los invasores serranos. Desde entonces se denominó La Torre de la Traición.[4]

En tiempos de Alfonso XI de Castilla, en 1325, y en la campaña organizada por este monarca, llegados a Olvera e informado que los de Ronda venían en su auxilio, mandó el rey llamar al grueso de sus tropas, estando la guarnición de Arcos incluida en las del concejo de Sevilla.  Durante el tiempo que duró la empresa comenzada por el rey, estos hombres con los de Arcos se apoderaron, cerca del castillo de Ayamonte, de un convoy que iba en dirección a Ronda. Estas huestes, con el impulso de haber vencido, persiguieron a los moros que habían escapado hasta las mismas puertas de Ronda. Un gran contingente de rondíes salió de la ciudad, atacándoles por todas partes. Los castellanos se dieron precipitadamente a la fuga, siendo auxiliados por el resto del destacamento sevillano, salvando la expedición de una derrota inminente.
Por ello cupo al rey la satisfacción de la conquista de Olvera, Pruna, el castillo de Ayamonte y Torre Alháquime. En esta campaña las huestes cristianas fronterizas, entre ellas las de Arcos, tuvieron gran protagonismo.[5]
En 1339 llegó al rey la noticia de que nuevas tropas desembarcaban en Algeciras. Marchando para Sevilla reunió a los combatientes de los diferentes concejos, entre ellas la de Arcos, y se dirigió a Ronda, donde se libraron algunas acometidas, sobre todo por la parte del Mercadillo. La precipitación con que se organizó esta expedición hizo que Alfonso XI tomara la decisión de retornar a Osuna, no sin antes devastar los campos de Teba y Ardales.
Era entonces rey de Ronda Abd-al-Malik. Dirigió nueva ofensiva con gran número de combatientes de a pie y caballo. Taló los campos de Arcos y Jerez, robando el ganado y haciendo cautivos a gran número de cristianos. Rechazados los moros se entabló feroz batalla, consecuencia de la cual fue la muerte del caudillo musulmán en los campos de Alberite, cerca de Villamartín.[6]
Las circunstancias excepcionales de la guarnición arcense, como vigilantes permanentes de la frontera cristiana, le confirieron igualmente un status especial: Franquicias específicas con exención de pechos y cargas impositivas, disfrute de pastos y maderas, hidalguía común a todos sus vecinos y sobre todo, su permanencia guerrera en un ámbito cercano, evitando que salieran sus huestes más allá del Guadalquivir, con el fin de evitar desguarnecer la ciudad y su término. Esto no tenía especial relevancia, dado la continuidad de ataques moros en su zona y el estado incesante  de alerta en que se hallaban.
La significación militar entre sus habitantes, por su ubicación fronteriza, fue su principal característica. Por ello las guarniciones fronterizas, en especial las de Arcos, fueron en los grandes momentos protagonistas en todas las acciones guerreras de los monarcas castellanos contra los musulmanes de la zona y en especial los de la Serranía de Ronda.
Con don Pedro Ponce de León se inaugura en este linaje la titularidad del condado de Arcos. En tiempos de Juan II y con el infante don Fernando a la cabeza, se acometen distintas acciones en Andalucía, en 1407 que les llevan a conquistar Zahara, Setenil, Cañete, Ortejicar, Olvera, Torre Alháquime, Las Cuevas, etc. Por sus grandes servicios recibe del rey la villa y condado de Arcos de la Frontera.[7]
En tiempos de Pedro I de Castilla hombres de Arcos, en unión de otras tropas de frontera, fueron los elegidos por el rey para realizar sus incursiones por Ronda y otros lugares cercanos. El asunto fue la traición y el destronamiento que el emir granadino Muhammad V el Bermejo, amigo del rey castellano, sufrió por su hermanastro Isma´il[8] y su refugio en tierras serranas.
Como hemos expuesto, la Crónica de Juan II de Castilla recoge las incursiones que su tío el infante don Fernando, llamado después de Antequera, realiza por la Serranía de Ronda, debido a la corta edad del rey.
Mientras se preparaban las huestes en Córdoba y los de Granada acudían a las fronteras de esos lugares, los de Arcos, Olvera y Marchena entraban en la Serranía y lucharon contra doscientos cuarenta jinetes de Ronda y Setenil, cerca de Grazalema. En estas lides fueron muchos los cautivos, casi todos caballeros principales de Ronda y murieron más de setenta. [9]
En el primer tercio del siglo XV el alcaide moro de Ronda, Abdalá Granalexi entró con numeroso ejército en tierras de Arcos tomando todo lo que encontraba a su paso. Siguió por Jerez y allí su gente, junto con la de Arcos que los había perseguido, acometieron a los musulmanes infligiéndoles gran derrota con numerosos muertos y prisioneros, entre otros el mismo alcaide y su sobrino Hamet, los cuales fueron prendidos por el caballero arcense don Alonso Fernández de Valdespino.
Las treguas firmadas entre el emir granadino y el rey castellano proporcionaron una paz efímera, puesto que ya en 1431 se reanuda la lucha.
Pedro García de Herrera, mariscal de Castilla, comienza las acciones con trescientos jinetes y cincuenta peones, todos vecinos de Arcos y Jerez. El resultado de estas fue la toma de la villa de Jimena.[10]
En 1432 los moros volvieron a acercarse a las puertas de Arcos. Fueron rechazados por los vecinos, persiguiéndoles éstos hasta Zahara, unidos a las tropas de Per Afán de Ribera, Adelantado mayor de la frontera y señor de Benadalid y Benalauría.
De nuevo los granadinos, a las órdenes del alcaide de Ronda con mil cuatrocientos hombres de pie y caballo invadieron el término de Arcos. El conde don Juan Ponce se hallaba en la ciudad enfermo pero eso no fue obstáculo para levantarse del lecho y salir con cien jinetes y doscientos peones. A media legua en los campos de Mataparda, hoy llamada La Torrecilla, se enfrentaron los enemigos. El fuerte impulso y la fuerza extrema con que atacaron los de Arcos hicieron a los moros retirarse, abandonando la abundancia de lo aprehendido en ganados y cautivos.
Más de trescientos cincuenta muertos granadinos, atravesados por las lanzas cristianas quedaron en el suelo y unos doscientos fueron prisioneros. Cincuenta arcenses perdieron también sus vidas.
Dos años después volvieron a atacar los términos de Arcos los alcaides de Alhama, Archidona y Ronda con dos mil jinetes y seis mil peones. Enterados los cristianos de lo que se fraguaba, se reunieron caballeros de Arcos, Marchena, Morón y Utrera, avisando a los jerezanos para que estuviesen prestos. Don Juan Ponce de León iba al mando y enfrentándose entre Espera y Arcos en el lugar llamado Cruz de la Legua, trabaron una reñida lucha, que si no llega a ser auxiliada por los de Jerez, hubiesen perdido. Pero con esta magnífica ayuda derrotaron al enemigo y se produjo una gran huída con grandes pérdidas. Los castellanos también tuvieron considerables bajas: Ciento cincuenta caballeros, entre ellos el alcaide de Arcos. El lugar conserva hoy día el nombre que tomó: El Cerro del campamento y Haza de los Muertos, en memoria de tantos cadáveres que quedaron sepultados en su suelo.[11]
En el año 1445 y tras nuevas ofensivas de los granadinos, talando todo el territorio de Arcos, tomando cautivos y matando a un gran número de campesinos, fue el motivo de que las mesnadas de la ciudad saliesen con don Pedro Ponce de León al frente y, atacando a la retaguardia musulmana entre Cardela y Garciago, villas enemigas cercanas a Ubrique, causaron grandes pérdidas y recuperando prisioneros y ganado aprehendido. El lugar de la batalla quedó conocido con el nombre del Lomo de don Pero Ponce, que perdura en  nuestros días. El balance de la lucha, favorable a los arcenses fue grande: Más de 1300 cautivos, 455 caballos, repartidos entre los vecinos y un gran número de muertos.[12]
Ya en los últimos albores de la Edad Media y en las mismas puertas de la Guerra de Granada, la figura de don Rodrigo Ponce de León, señor de Arcos, será la más representativa en las luchas de la cristiandad contra la morisma serrana.
Son muchos los sucesos protagonizados por este singular guerrero en Ronda y sus aledaños:
Incendia y destruye Villaluenga, Benaocaz y Ubrique. Posteriormente acomete el ataque a la torre del Mercadillo en la misma ciudad de Ronda, retornando con un gran botín.
Los moros de Ronda le responden con la nueva toma de Zahara. Después organizan una gran batida por los campos de Arcos y Jerez. Cerca del castillo de Tempul y antes de que los arcenses fuesen ayudados por los jerezanos, los rondeños les acometieron con gran fuerza. La pelea fue feroz, dejando cadáveres por todas partes; caballeros de la insigne Arcos entre otros su alcaide Juan García Lozano y el hijo de éste. Desde entonces se denominó al lugar La Vega de Juan Lozano.[13]
En los días en que don Rodrigo Ponce de León consiguió la toma de Alhama, moros de Ronda, al saber que la ciudad de Arcos había quedado totalmente desguarnecida, con una población de mujeres, ancianos y niños, aprovecharon para atacarla.
La esposa de don Rodrigo y señora de Arcos, Doña Beatriz Pacheco, “la varonil”, como era nombrada, organiza su defensa. Algunos caballeros de Utrera, Espera y Bornos, enterados, intentaron apartar la retaguardia de las puertas de Arcos y fueron retirándolos cerca de Bornos en el llamado Lomo del Judío. Allí fueron derrotados los moros después de una encarnizada lucha.
Mientras, el cerco a Arcos seguía su estrategia y cuatro mil moros lo mantenían. Las mujeres, animadas por su señora, doña Beatriz, tomaron las armas de su marido y subieron a las almenas en un intento de defensa.
El duque de Medinasidonia, aunque enemigo acérrimo de los condes de Arcos, al enterarse de lo que sucedía, acudió noblemente con sus mesnadas, formadas por mil caballos e hizo retornar a Ronda y sus sierras a los sitiadores.[14]
Tras la terrible derrota de la Axarquía donde murió la flor y nata de los caballeros cristianos en los abruptos barrancos de la región, tuvo lugar un feroz encuentro al pie del castillo de Hortales entre el alcaide de Ronda y algunos hidalgos arcenses, entre otros Juan de Armario, Antón Romero y Fernando Tardío. El resultado fue victorioso para los cristianos pero la pérdida de algunos hijos del alcaide rondeño, le hizo en venganza saquear y devastar gran parte del término de Arcos.[15]
La guerra continuaba y las ganas de desquite entre los cristianos por la tremenda derrota condujeron a don Rodrigo Ponce de León a escalar el castillo de Lopera, apoderándose de él y aunque los moros de Ronda intentaron defenderlo fieramente, no pudieron lograrlo. Algunos caballeros hicieron frente a un gran contingente musulmán que venía de Ronda, junto al río Guadalete, venciéndolo en la batalla que lleva su nombre: La de Lopera e hicieron cautivo al caudillo rondeño Mohamad Corofre.
La situación en que se hallaban los moros, en estos momentos con su rey Boabdil cautivo de los Reyes Católicos, los hizo prepararse de nuevo para otras incursiones. De Ronda, Málaga, Álora, Marbella, El Burgo, Casares, Coín y Vélez Málaga llegaron grandes tropas hacia la ciudad de Arcos y Lopera, con el fin de recuperar el castillo. Encontráronse con cristianos de Écija, Morón y Utrera y se entabló una feroz lucha. Desde el castillo llegó su alcaide Pedro Romero con gente de Arcos y atacándoles por un flanco lograron hacer huir a los moros. Mientras, don Rodrigo que se hallaba en Jerez, avisado de lo que sucedía, emprendió con sus hombres el camino hacia Zahara en busca de aquellos, los cuales se habían acogido a puntos estratégicos, esperando su llegada. En medio del fragor de la lucha se vieron atacados por la espalda por un gran número de moros, resto de los vencidos en Lopera. La situación para el bando castellano se hizo crítica y en ese momento creyeron ver su derrota. Dos caballeros arcenses, Juan de Ayllón y su hijo acometieron una acción heroica, al atacar las banderas musulmanas que se hallaban lejos entre la morisma. Arrancarlas y poner fin a los abanderados hizo elevar el ánimo de sus compañeros, al mismo tiempo que llenaban de terror las filas enemigas, aunque esto les acarreó la muerte. Estos huyeron llenos de terror, dejando en manos cristianas un gran botín de guerra. Los alcaides de Ronda, Coín y El Burgo fueron prisioneros, junto a más de quinientos moros. El balance final para los moros fue de quinientos de caballo y setecientos peones muertos. [16]
A partir de ese momento don Rodrigo Ponce de León, señor de Arcos, dedicará todas sus fuerzas a la reconquista del último baluarte musulmán en la citada Guerra de Granada. Primero Zahara, y entre otras más la ciudad de Ronda y la villa de Setenil fueron el prolegómeno de sucesivas conquistas.
Ya en los albores del siglo XVI y en otras épocas posteriores los condes de Arcos, ya en esos momentos, duques de Arcos, contribuyeron especialmente en dominar las sublevaciones moriscas en la Serranía de Ronda. En los desfiladeros de Sierra Bermeja encontraron la muerte caballeros arcenses, entre otros, Diego de Palacios, Alonso Sánchez Monje, Martín Espinosa, Juan de Armario, Alonso de Ayllón y Pedro Mancheño. Y en dicha Sierra Bermeja, así como en las revueltas de la Serranía de Villaluenga se halló luchando el segundo don Rodrigo Ponce de Léon, nieto del primero.[17] Su hijo don Cristóbal Ponce de León apaciguó igualmente la Serranía de Ronda en la sublevación de los moriscos del 1559 a quién acompañó su hijo el tercer don Rodrigo. Nuestro cronista nos dice: “…Hallóse al lado de su padre en las guerras de los moriscos y al frente de ochenta lanzas atravesó toda la Serranía de Ronda hasta Casares por entre multitud de enemigos…” [18]
No queremos finalizar el artículo sin poner una pincelada humana, después de tan escabrosas hazañas militares:
Fue fundado en Arcos el hospital de la Misericordia por los hermanos de San Juan de Dios en el año de 1540 por Fray Juan Pecador, Fray Fernando y Fray Pedro de Ugarte, “… del desierto de las Nieves, cerca de Ronda, vinieron a Arcos, donde fundaron un hospital, aprovechando parte del extenso edificio que para otra obra análoga, para casa de expósitos fundaron los primeros duques de Arcos, don Rodrigo Ponce de León y doña Beatriz Pacheco…”[19]




















[1] Los datos están tomados de: MANCHEÑO Y OLIVARES, M.: Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera. Vol. I. Diputación de Cádiz y Ayuntamiento de Arcos, 2002. Los sucesos que van a ser expuestos en el presente artículo se citarán, según las páginas del volumen. Lamentablemente no nos informa de las fuentes de donde fueron sacados.
[2] Pag. 30
[3] pag. 31

[4] pgs. 32 y 33
[5] pg. 53
[6] pg. 54
[7] pg. 42
[8] pág. 62 y ARIÉ, R.: España musulmana (siglos VIII al XV) Ed. Labor, pg. 40 y ss.
[9] Pág. 75
[10] pág. 86
[11] págs. 91-92
[12] pág. 91
[13] pág. 102
[14] pág. 103
[15] pág. 104
[16] pág. 105
[17] págs. 128 y 143
[18] pág. 154
[19] pág. 184
He creído interesante añadir a mi blog la exposición que tuvo lugar en la presentación del libro "Aromas de Grazalema" por el contenido que encierra sobre este bello rincón de España.


PRESENTACIÓN AROMAS DE GRAZALEMA
                                 
                      MªAntonia Salas Organvidez 

                              


Este pequeño libro fue fruto de una época, ya casi lejana. Hace más de doce años que lo escribí. Quizás hoy no lo hubiese concebido así, al dedicarme en estos últimos tiempos a la investigación histórica, más objetiva.
Pero como he expuesto fue otra época. Siempre he sentido gran inclinación por la Literatura, materia por la que desde mi infancia me sentía sumamente atraída. Pues bien, esto me condujo a dedicarme a tan bello quehacer. Las novelas “Aixa de Ronda” y “Entre la luz y la oscuridad” fueron productos de esos bellos días.
La pasión que albergamos gran parte de los humanos por nuestras raíces me condujeron a la redacción de este pequeño libro. Esas intensas emociones fueron quizás complementadas con la formación humanística que recibí en mis estudios de Geografía e Historia. Pensé, al planificarlo, en realizar una descripción de sus paisajes. Para ello debía consolidar su conocimiento. Esa formación la adquirí recopilando y estudiando gran parte de lo que se había publicado referente a su flora, fauna y alguna que otra geografía descriptiva de su suelo.
Y es que el gran interés que encierran nuestros paisajes ha atraído a geólogos y geógrafos de todos los tiempos a realizar estudios de nuestra zona; tanta riqueza en su flora, que ha hecho a grandes botánicos acudir a nuestro pueblo en sus análisis de los vegetales que albergan; tanta variedad faunística, que ha dado lugar a grandes biólogos a la redacción y publicación de libros dedicados a los seres vivos que pululan por sus sierras; tanta belleza en su estructura topográfica, que han atraído y atraen continuamente a estudiosos y montañeros de otros países para su estudio y deleite. Así Gilperez Fraile en su libro “Andar por el macizo de Grazalema” tiene a bien exponer: “No voy a tratar de convencerte de que sea la sierra más bella de España, pero sí puedo asegurarte que reúne una serie de encantos, difíciles de encontrar juntos en otros lugares…”
Después había que añadirle sentimientos. De esos estaba bien sobrada y su redacción no me costó ningún trabajo. Quizás, pensaba después de escribirlo, me he quedado corta…
El producto está ahí. Lo considero un libro descriptivo, con matices líricos, tal como afirmo en su introducción.
También van unas pinceladas de algunos hechos históricos, sólo unas pinceladas, para que no quede atrás la gran dedicación intelectual de mi vida ni tampoco fuesen omitidos esos pequeños rasgos diferenciadores con otros lugares, en que se fraguó la atractiva Historia de Grazalema… Y así se formó este pequeño volumen.
Aunque considerablemente cerca, mi vida ha transcurrido en la ausencia del quehacer diario de nuestro pueblo. Ese día a día que aglutina tantos pequeños episodios, tan atractivos, para el que ama. Esos pequeños retazos que avivan el cariño diario. Su convivencia con cada uno de los grazalemeños que te cuentan sus alegrías, sus penas, sus desencantos… y a los que tú respondes; unas veces comunicando, otras veces acompañándolos en sus sufrimientos; otras, compartiendo sus júbilos, sus gustos, sus momentos de felicidad… esos momentos que se harán inolvidables en el tiempo y a los que acudes con frecuencia para rememorar a las personas, a los acontecimientos…
Pero esa ausencia diaria se ve compensada con la presencia de otros momentos a los que acudes y te rodeas de todo lo que amas: Hermanos, familiares, amigos… y sobre todo, de los que se ausentaron por toda la eternidad, a los que hacer una visita, aplicarles tus oraciones y derramar tus penas, forman ya parte de tu existencia.
Y junto a esta expresión de tus emociones, los dedicados a los más profundos y que desde el primer momento de tu existencia van intrínsecamente unidos a ti: El amor a Dios y a su Madre la Virgen. No me imagino a ningún grazalemeño que no sienta pasión por la Virgen del Carmen y la de los Ángeles, advocaciones tan nuestras que en un porcentaje muy alto se ven representadas en los nombres que elegimos para nuestras hijas… Esos días, dedicados a festejar sus onomásticas, en que los aplicados a sus Hermandades derrochan gran parte de su capacidad, de su tiempo, de su imaginación, de su esfuerzo… para que ese año sea mejor que el que quedó atrás y  se desenvuelvan los actos del agrado de todos.  Energía en que ponen todo su ardor, su voluntad, su amor… transmitiendo estos sentimientos a todo grazalemeño y foráneo que asistimos con alegría y vivencias inenarrables…
Por eso digo en los comienzos de esta breve exposición que me quedo corta. Las palabras, aunque voluntariamente quieran expresar, no pueden transmitir todo lo que el alma alberga. Esto es imposible. Y eso que nuestro pueblo tiene sobradas cualidades para hacerte hablar de ellas. Pero tantas y tantas cosas quedan en el corazón, sin saberlas sacar fuera…
Y aplicando la memoria a muchas personas que se fueron, no dejan de punzarme muchos nombres: Además de los de mi familia, mis padres, mis hermanos y sobrinos, mis tíos, cuñados y primo, que se fueron tan jóvenes, quiero citar de manera especial a Rosario Moreno, vecina que sentía gran cariño por nuestra familia. Isabel Bernal, a la que Dios recogió, siendo tan joven, así como a sus padres, Gabriel y Frasquita, a los que nos unía  gran cariño, y en general a un gran número de convecinos que nos dejaron a través de todos estos años.
Concretándome en este libro, que ve la luz hoy, decidí hacer un recorrido intelectual desde los tres caminos de acceso: La Rivera de Gaidóvar, Ronda y por consiguiente, Los Alamillos y desde la Carretera Nueva. Los magníficos paisajes que albergan y sus abruptas montañas atraen a muchas personas amantes de la Naturaleza virgen que aún no han sido mancilladas con la contaminación y que se hallan en el mismo estado que siglos atrás. Nuestras sierras son visitadas preferentemente por ecologistas y conocidas más allá de nuestras fronteras.
Grazalema, inmersa en la Serranía de Ronda también supo atraer a muchos viajeros románticos del siglo XIX. Basándome en las investigaciones realizadas por mi buen amigo, Antonio Garrido, en varios libros dedicados a este tema, no puedo dejar de citar a algunos que visitaron nuestra tierra y dejaron en sus países noticias de nuestras altas montañas, de nuestra gente y de nuestras costumbres. Así el aristócrata Richard Ford, visita en 1832 Grazalema y cuenta en su libro la entrevista que tuvo con los once hombres de la partida de Frasquito de la Torre, lugarteniente de José Mª el Tempranillo, cuando ya se habían redimido; En 1810, el oficial francés, André François Miot de Melito nos dice en sus Memorias desde Nueva York: “El descenso comienza en el puerto y después de un cansado trayecto al fin alcanzamos Grazalema, una pequeña ciudad en medio del desierto”. Y otro oficial, Rochfot Scott (1825) quien confiesa que Grazalema es el principal motivo de su viaje y que, como militar deduce la importancia estratégica del pueblo, al escribir: “Su importancia militar es grande, ya que sólo por su suelo se puede alcanzar uno de los principales puertos de la Serranía. Su privilegiada situación es un seguro de difícil acceso en los ataques de los enemigos”. Y hasta el mítico Washington Irving en 1828 atraviesa nuestras sierras.
Y como la primera mujer que nos deja el relato de su viaje por la Serranía, (1853) podemos citar a Lady Louise Tenison, quien con gran expresividad cuenta sus vivencias en Grazalema y la curiosidad que despertó su visita: “Es evidente que en Grazalema, hasta ahora, por el interés inusitado que despertábamos, no habían visto mujeres montando a caballo a la manera inglesa”; el atrevimiento de algunos mozalbetes, al subir algunos al balcón de su alojamiento para ver lo que la inglesa pintaba. Por esta actividad nos dejó una bonita litografía del pueblo con el peñón grande al fondo. En general sus escritos sobre Grazalema es una continuada loa a sus bellezas. George Alexander Hoskins (1850), el naturalista Abel Chapman (1872) que antepone la belleza de nuestros pinsapos a los de otros lugares de la Serranía. El popular novelista americano Charles Dudley Warner, que cifra la población grazalemeña en unos diez mil habitantes y que hace una descripción, plena de alabanzas de nuestro pueblo. Así dice: “Grazalema fue una sorpresa para nosotros y desde luego vale la pena pasar dos días a lomo de mulas para verla”. Y sobre nuestras mujeres: “Las mujeres, que estaban sentada a las puertas o tomando el aire en las calles con las mantillas en las cabezas y el insustituible abanico en las manos, eran lo más hermoso que habíamos visto hasta ahora…”
No podemos dejar de citar a Louis Launay, un francés polifacético y considerado un sabio, miembro de la Academia de las Ciencias y de la de Agricultura francesa, autor de un centenar de obras y que llega a nuestra tierra en 1889, describiendo en su viaje los barrancos de Grazalema, “que se abren majestuosos”
Tesis doctorales, referidas a diversos aspectos, han atraído como tema fundamental a los estudiosos, defendiéndose con ahínco múltiples facetas que encierran, ya específicamente dedicadas a su interesante petrografía, ya a su rica fauna o bien a su original flora. Podemos citar como ejemplo algunos estudiosos, como Peter Hoppes, alemán que vivió en Grazalema allá por los años 70 del siglo pasado, durante el tiempo que duró la investigación de su Tesis Doctoral sobre Petrografía y Geología; Aparicio Martínez y Silvestre Domingo, autores y estudiosos de la Flora del Parque Natural; Alicia Ríos Cote y Méndez Romero, que enfocan su investigación en los recursos medioambientales del Parque y esencialmente del Macizo de Grazalema; Gil Monreal y su equipo, estudiosos de las Sierras de Zafalgar, del Pinar, Endrinal, Caíllo, Líbar y Los Pinos, además de otros intelectuales anónimos que pusieron su trabajo al servicio de algunas Consejerías andaluzas, como la de Medio Ambiente y lleva a cabo sus publicaciones, de la que nos enriquecemos todos.
Tampoco puedo dejar atrás al antropólogo Ginés Serrán Pagán que con su entusiasmo nos transmitió su saber en su estudio de nuestra Historia, en el de Pamplona-Grazalema y en el del Toro y la Virgen de Grazalema; también sobre el lobo y las ovejas de Grazalema. Con anterioridad otro antropólogo, Pitt-Rivers se había decantado por nuestro pueblo para realizar su gran estudio. Y posteriormente otro enamorado de nuestro pueblo, Fernando de Pinillos, dedicó su tiempo a la redacción de una nueva Historia de Grazalema.
No hay que olvidar a un gran amante de su tierra que nos dejó: Juan Diánez, que con su gran inteligencia y memoria, supo donar a las generaciones futuras gran parte de las vivencias que su mente prodigiosa iba almacenando a través de los tiempos. Y entre los jóvenes historiadores, empeñados en sacar a luz cuánto se esconde en los archivos y tradiciones, a Andrés Sánchez Barea, Fernando Campuzano, Jesús Román, Francisco Campuzano, Luís Ruíz, Cándido Gutiérrez, etc todos valiosos en el trabajo paciente y cotidiano de este mundo cultural grazalemeño, cuya colaboración, sin duda ha llegado a su culminación, en una época de gran inquietud por conocer nuestro pasado, en la persona de Diego Martínez Salas, director y fundador del blog más importante que se dedica a levantar los conocimientos olvidados y darlos a conocer en ámbito universal, como corresponde al medio más extendido que se conoce en estos últimos tiempos: Internet. 
En la trayectoria de este pequeño estudio he recorrido con la imaginación, plena de sentimientos, los vericuetos que conducen a Grazalema, ascendiendo sus magníficas alturas, descendiendo vaguadas, atravesando sus bosques, vadeando sus arroyos y ríos…  Este ir y venir, más bien virtual de mi mente, me hicieron comprender mejor sus bellezas y aprestaron mejor mi sensibilidad, dispuesta en estos momentos a despojarla de todo materialismo para conferirle un tono espiritual, del que creo va impregnado este pequeño libro.
Y con él les dejo, a sabiendas de que en el tiempo otras personas pueden completar todo lo que me he dejado atrás y que sin duda sabrán exponer con más precisión todas las bellezas que encierra nuestro pequeño pueblo.