domingo, 25 de agosto de 2013

LA TIERRA DE RONDA EN LA CRÓNICA DE JUAN II DE CASTILLA. (1407)

LA TIERRA DE RONDA EN LA CRÓNICA DE JUAN II DE CASTILLA. (1407)

                                                       REV. MEMORIAS DE RONDA, Nº 3, SEPTIEMBRE 2006

Por su inmersión dentro del reino nazarí de Granada, último baluarte musulmán, la Serranía de Ronda se mantuvo como tierra de este reino hasta su recuperación por los R.R.C.C. La paulatina reconquista Norte-Sur va acercando cada vez más la posesión cristiana. Es lógico, por tanto, que las últimas Crónicas de los reyes castellanos estén más impregnadas de acciones bélicas en los lugares de la Serranía que las de otros reyes, anteriormente establecidos. Esto ocurre en la Crónica de Juan II de Castilla.
Juan II fue jurado príncipe heredero en el momento de su nacimiento en las Cortes de Valladolid de 1405. La situación de Castilla se muestra difícil por las querellas intestinas, que se recrudecieron en el reinado de su padre Enrique III el Doliente.[1]
La pronta muerte de éste a los 27 años provoca un nuevo problema, dada la corta edad del heredero, esto hará que se tomen serias medidas para prevenir una larga regencia.
Su madre, Catalina de Láncaster y su tío, el Infante Don Fernando, duque de Peñafiel, son los designados para ejercer dicha función.
Don Fernando ha creado un rico señorío y sus aspiraciones le conducen a encumbrar su linaje y acrecentar su poder.
La Crónica de Juan II, escrita por Alvar García de Santa María, demuestra la adhesión que el autor profesa al Infante. Tal es así, que la mayor parte de ella relata las acciones de Don Fernando, siempre en lugar del niño Rey.
Ya en 1404 el rey Don Enrique III había intentado la reanudación de la guerra de Granada, muy necesaria en aquellos momentos, dado que Muhammad V había consolidado las antiguas fronteras del reino, fortaleciendo su autoridad. El gran poder que ostentaba hizo que su heredero Abu-l-Hacchad, Yusuf II, gobernase como un verdadero déspota.
Las relaciones entre Granada y Castilla se hacen cada vez más difíciles con Muhanmad VII y a pesar de la tregua de 1406, el granadino ataca Quesada y Baeza. Es el momento más propicio para Don Fernando, que en las Cortes de Toledo logra una dotación de cuarenta y cinco millones de maravedís. Su propósito es armar un ejército de diez mil lanzas, cuatro mil jinetes, cincuenta mil peones y ochenta buques de guerra. Más tarde las Cortes de Guadalajara concedieron otros cincuentas millones de maravedís.
Hubo que vencer dificultades financieras de importancia. Las grandes deudas que estaban pendientes con los maestres y caballeros de frontera, así como con la Armada naval, hicieron que éstos se resistiesen a emprender la contienda en estas circunstancias. Tras muchos debates, la reina madre adelantó veinte millones de maravedís del tesoro del Rey.
Fue en las Cortes de Segovia de 1407 donde el Infante hizo pública su decisión de partir para Andalucía.
El martes trece de abril se pone en marcha. En la Iglesia de Santa María de Toledo veló sus armas según costumbre. Mientras, habían comenzado ya las hostilidades y en los primeros días de mayo se dan acciones cercanas a la Serranía de Ronda:
“… E partieron de Carmona e de Marchena e de Olvera quarenta e dos de cavallo e veynte e ocho omes de pie, e corrieron , en dos días de mayo, a la Torre Alaquín e Ayamonte, e pasaron allende contra Montecorço. E yendo ansí contra la sierra, a Agraçalema,  fueron descubiertos, e salieron a ellos de Ronda e de Setenil fasta doscientos e quarenta de caballo…”[2]
En la huída buscaron los cristianos un lugar propicio para defenderse y en una cuesta abatieron a unos 40 moros. Pero fue en Torre Alháquime donde el triunfo cristiano se revela, muriendo en este encuentro el hermano del cabecera de Ronda y el alguacil de la ciudad y fueron prendidos otro hermano y sobrino del gobernador rondeño. El resto de prisioneros fue conducido a Olvera y los demás huyeron.[3]
Mientras, el Infante había llegado a Córdoba y en esta ciudad recibió la noticia de que la villa de Pruna había sido tomada. Después de estar un tiempo alojado en Sevilla reunió su Consejo en Carmona y decidieron atacar a Ronda. Para ello se pusieron en camino, el 26 de septiembre de 1407 y llegaron al valle del Guadalete. Acuerdan asentar el ejército en Zahara, a pesar de la lluvia intensa y la comprobación del duro esfuerzo que en estas condiciones llevaría el ascenso a la villa.
“… los moros de Zahara, en que vieron el real asentado sobre ellos, començaron a baruolearse e a defenderse quanto podían. E començaron a tapiar e adouar el alcázar muy de rezio, e començaron a subir quanto tenían en la villa al castillo…”[4]
Diego García de Quiñones, merino mayor de Asturias, se encargó de vigilar con su gente la entrada de la villa para evitar los socorros de fuera. Moros ballesteros, afines a Zahara acudieron de noche en ayuda de la villa sin lograr penetrar en ella.
El Infante envió tres lombardas. Se situaron; la primera en la puerta de la villa, la segunda cerca del real y la tercera en el camino de Ronda. Las tres comenzaron su tarea, arrojando gruesas piedras y durante los dos primeros días sus aciertos fueron inútiles. Fue el tercer día cuando abatieron una esquina de la torre y el marco de la puerta de la villa. Después de ello los moros se rindieron y acordaron la entrega de la villa y el castillo a cambio de que los dejaran marchar con sus pertenencias a Ronda.
Para respetar la palabra dada a los moros, el Infante prohibió la entrada de los cristianos hasta que él lo dijese:
“…E como los cristianos somos muy mal mandados, pensando entrar dentro, tanto que el Infante a estos caballeros estobieron a la puerta vna gran pieça en ella;  magüer que el condestable tomó vn palo e daua palos en ellos por les desuiar que entrase el Infante e estos caballeros no los podía tirar de la puerta, magüer que el condestable avía poca mesura en el apartar. E como quier que él daua palos en ellos, no se querían tirar de la puerta. Fasta que llegó el Infnte, e tomó vn bastón en la mano, e començó a dar en vnos e en otros, muy mesuradamente, fasta que llegó çerca de la puerta. E entraron dentro los quél mandó, e después mandó cerrar la puerta…”[5].
Ya dentro, elogiaron la solidez de la fortaleza y la villa y no comprendían cómo habían podido tomarlas. Desde esta fecha hasta 1481, en que se vuelve a perder, Zahara fue el lugar cristiano más avanzado de las tierras rondeñas.[6]
En domingo se dispuso la partida de los 453 vencidos a Ronda. Con magnanimidad, el Infante les dejó 15 asnos para transporte de sus pertenencias. Después nombró como alcaide de Zahara a Alonso Fernández Melgarejo.[7]
Teniendo noticia de que el castillo de Audita y su aldea se hallaba desguarnecido, envió el Infante a Martín Alonso de Montemayor, que sin mucho esfuerzo se apoderó del lugar.
Montecorto siguió dentro de sus objetivos y las mesnadas acamparon cerca del castillo. Moros almogávares lo defendían, tan certeramente, que fueron heridos diez cristianos con ballestas.[8]
 El Infante mandó a Agraçalema a Diego Fernández de Quiñones, a Rodrigo de Naruaes y a Pedro Alonso de Escalante, sus donceles: “…E ellos llegaron a la aldea, e vieron que era vna buena aldea, e fallaron dentro muchos moros, e començaron a pelear con ellos, fasta que les entraron en el aldea. E los moros acogiéronse a la sierra. E morieron ay fasta quinçe moros en la pelea, e algunos de los cristianos, por se detener en el aldea a robar, seyendo salida la gente, e otros que escaparon feridos de ballestas. E los moros tenían todo lo más e lo mejor de lo que tenían alçado a la sierra; enpero fallaron ay pan, trigo, çebada e figos; e non traxeron dello sino muy poco, porque no lleuauan en qué lo traer…”
Envíó hasta dos mil lanzas aforradas a la puerta de Ronda. De allí salieron a combatir unos cuatrocientos hombres de a pié. En una de las escaramuzas se distinguió por su valentía Pero Niño, conde de Buelna.
El relato de estas acciones llegaría a la villa de Torre Alháquime y quizás por el miedo a un enfrentamiento con las tropas cristianas los moros la abandonaron, hecho que aprovecharon los de Olvera para tomar la pequeña villa.
El Infante deseaba hacer el cerco de Ronda, mas sus consejeros lo disuadieron ofreciéndole que tomase la plaza de Setenil, menos fuerte a su juicio, después de expuestas las dificultades que planteaba la cercanía del invierno y la inexpugnabilidad con que la ciudad estaba dotada. Las lombardas fueron transportadas a las puertas de la villa y se comenzó el cerco. Desde allí el Infante mandó a Pedro de Estúñiga , justicia mayor del rey, que estaba en Olvera que fuese al castillo de Ayamonte, muy cerca de la villa para tantearla. Los moros, comprobando la proximidad del real y tras constatar que Torre el Alaquín estaba ya en manos de los cristianos la entregaron sin violencia.
Diecinueve días duró el asedio de Setenil sin que se lograran los objetivos propuestos. Reunido con su Consejo tomaron la decisión de abandonar sus propósitos, dado lo avanzado del otoño y el mal tiempo reinante.
Dos días después nombró en Torre Alháquime a Alonso Rodríguez de la Barrera como alcaide.
Mientras el real acampaba frente a Setenil se sucedieron varias acciones. Una de ellas fue la entrada de Juan de Velasco por tierras rondeñas con dos mil lanzas, hombres de caballo y unos cuatro mil peones. Allí permanecieron durante tres días sin que se diera ninguna acción significativa. Otro suceso ocurrió en los alrededores del castillo de Las Cuevas, cerca de Cañete que ya había sido tomado. Juan de Porras y Pedro de Barrientos acudieron con acémilas para cargarlos de trigo y cebada. Allí encontraron a unos veinte moros de a pié que los atrajeron a una celada de unos ochenta moros lanceros y ballesteros.
“…E estando ansí cubiertos llegó Pedro de Porras e començó a pelear con los moros. E tanto que llegó fue ferido de tres viratones, vno en cada pierna, e otro en la garganta, e fueron ay feridos otros dos e un paje…”
La muerte de los dos mancebos, Pedro de Porras y Pedro de Barrientos llenó de consternación a los cristianos, tanto que el cronista da en este capítulo una clase poliorcética: “… E los mançebos deven tomar ejemplo, que siempre deuen escusar la pelear con los vallesteros e lançeros de pie, siendo ellos a caballo, en la sierra e en los grandes recuestos, do los caballeros no pueden subir ni deçender sino a gran peligro…”
Con un alarde, que hace escribir el Infante a su cronista, cierra la actividad bélica en los lugares serranos.



[1] SUÁREZ FERNÁNDEZ, L.: Hª de España. Edad Media. Ed. Gredos, Madrid, 1977 pp. 482 y ss.
[2] ALVAR GARCÍA DE SANTA MARÍA.: Crónica de Juan II de Castilla, Ed. Mata de Carriazo, J. de, Madrid, 1982
[3] Ib. Cap. 30
[4] Ib. Cap. 52
[5] Ib. Cap. 56
[6] TORRES DELGADO, C.:  La fortaleza de Zahara de la sierra: Pérdida y recuperación. La incorporación de Granada a la Corona de Castilla, Granada, 1993
[7] Ib. Cap. 57
[8] Ib. Cap. 61

domingo, 28 de abril de 2013

GRAZALEMA EN LA EDAD MEDIA: ¿VILLA O ALDEA? ¿PREPONDERANTE O DECADENTE?


 
Deseo que la primera publicación de este blog esté dedicada a mi pueblo: Grazalema.
Artículo publicado en la revista número 40 de Puente Nuevo, de diciembre 2009.
 
 

GRAZALEMA EN LA EDAD MEDIA: ¿VILLA O ALDEA? ¿PREPONDERANTE O DECADENTE?

                                                                  Mª Antonia Salas Organvídez

 

Su importancia estratégica como zona límite y por ello motivo de disputa en la reconquista entre musulmanes y cristianos nos lleva a razonar la posibilidad de una dotación importante, tanto de medios humanos como económicos y culturales. Esto nos conduce a plantear si Grazalema respondía a la demanda que una población de esas características exigía: Número de habitantes considerable, dotación económica, cultural, política, etc.

Importantes referencias de autores árabes nos describen la posibilidad de esta tesis.

Es de sobra conocida la presencia bereber en nuestra Serranía después de la conquista por Tariq en el período 714-716. Su organización tribal y su medio de vida como pastores en las montañas del norte de África les hicieron asimilar con más fuerza la nueva tierra de características orográficas parecidas.

La tribu de los Saddina se esparció desde Ronda hasta Arcos. En sus comienzos la ciudad predominante entre los ríos Majaceite y Guadalete se fijó en Kalsana, sede de los principales mandatarios políticos y militares. Su importancia se podría evaluar, en cuanto su nombre se utilizó para designar una de las puertas de las murallas cordobesas.
Posiblemente, merced a una de las frecuentes rebeliones que protagonizaron los bereberes contra el poder central cordobés, hizo que su ciudad fuese destruida y arrasada totalmente. La capitalidad del distrito fue derivada a la ciudad de Saddina o Grazalema. [1] Levy-Provenzal traduce: “… ciudad muy antigua en la que subsisten ruinas protegidas por rampas naturales y muy fortificada, de modo que resulta difícil para cualquier ejército atacarla o sitiarla. Tiene aguas corrientes procedentes de fuentes abundantes, que se vierten en un torrente que acciona molinos…” Este autor la identifica con Grazalema.

Igualmente el geógrafo Muhammad-Ibn-Musa-al-Razi habla de Montebur (peñón de San Cristóbal) y la ubicación de las fuentes originarias del río Guadalete en este lugar.[2]

Las frecuentes rebeliones que protagonizaron los bereberes contra Córdoba ocasionaron el despoblamiento de muchos lugares durante varios años y su posterior recuperación. Es el caso de Saddina en que ya no sería la tribu de Saddina su principal fuente poblacional, sino los Banu-Salim. Tomará un nuevo nombre: Medina-Ibn-al-Salim o “ciudad de los Salim”.[3] El profesor Abellán Pérez, J. en su estudio de “Cádiz en el siglo XIII” nos habla de la evolución que sufre su nombre pasando por Caria Salema (Villa de los Salim) y Sagrasalima o Sajra Salima (Peña de los Salim) nombre vulgar que la mayoría de los documentos posteriores al siglo XIII albergan como Çagraçalema. Otras crónicas árabes hablan de ella como las de Ibu Hayyan, Dimasqui e Ibn Iyad.

La Historia de España de Menéndez Pidal, R. nos relata, asimismo, sobre numerosas revueltas que sufre Sajra Salima durante el siglo IX. Dos de ellas, protagonizadas por Tawril en el año 826 y Abd-al-Harit en el 874 hicieron replegarse en las montañas a parte de la población. 

Después de estos sucesos vuelve a repoblarse con Mundir-ben-Ibrahin-ben-Muhammad-Ibn-al-Salim. En esta época es notable su autonomía hasta los albores del 900 en que el califa Abderramán III somete toda la tierra bajo el mando cordobés.

Çagraçalema se hallaba englobada en el territorio rebelde de Omar-ben-Hafsun y participó en todos los avatares que sucedieron con este personaje. En 914 Abderramán III, en una de sus campañas contra Omar, logra de Walid-ben-Walid, señor de Çagraçalema su sumisión. Desde entonces, hasta la aparición de los reinos de Taifas, quedará sometida a Córdoba. Esto no fue obstáculo para que estuviese integrada en la comarca rondeña y participase en todos sus avatares, siendo parte del reino en que se constituyó la Serranía, tomando como capitalidad la ciudad de Ronda con Abd-al-Malik como rey.

Su configuración como zona fronteriza, durante la época nazarí y su influencia como tal es evidente:

“… Se inicia la línea fronteriza en los límites municipales del término de Algeciras, a partir del río Guadalmesí, desde donde se remonta por los actuales municipios de Los Barrios, Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, límite oeste del de Cortes de la Frontera, bordea el macizo de Grazalema hasta penetrar por el reino de Sevilla…”[4]

Igualmente, siguiendo la división por provincias dada por Al-Idrisi:

La frontera, según el mismo autor, pasaba por la provincia de Albohaira o el Lago (al-Buhayra) en donde “... de estas dos provincias anteriores, desempeñaron un importante papel político durante la época nazarí las plazas de Jerez y Tarifa, Carmona y Arcos de la Frontera y Grazalema, por donde, bordeando el macizo de su nombre, discurrían las fronteras nazaríes…”[5]

Y también (la movilidad frecuente, ocasionadas por las conquistas, hacían cambiar las líneas fronterizas.) “… Partía desde Gibraltar hacia el norte en la que la plaza de Jimena está en poder musulmán, al igual que Ubrique, camino hacia Grazalema, pasa a continuación por la Sierra de las Yeguas al norte de Cañete, Teba, Antequera y sus aledaños…”[6]

Al hablar de las cabeceras de distritos en tiempos nazaríes, el profesor Torres Delgado presupone que responden a unidades administrativas del reino. “… Si hoy comparamos las cabeceras de los partidos judiciales actuales,[7] con asombro hemos de comprobar que en un 90 por ciento todas ellas poseen una fortaleza o sus restos. (Loja, Baza, Guadix, Archidona, Arcos, Grazalema, Antequera, Jimena de la Frontera, y tantos otros). ¿Respondían acaso las grandes fortalezas a cabeceras de distritos que evolucionaron a los partidos judiciales actuales?...”[8]

Si bien las huellas de un castillo nazarí en Grazalema son muy pequeñas, sólo un pequeño lienzo de murallas junto a la puerta de la villa, cabe la posibilidad de que esta ubicación hubiese servido para una construcción mayor con fines significativos de defensa. Este papel de defensa sí ha dejado los restos de una pequeña fortaleza, situada en los aledaños de Grazalema, en Audita, que sirvió como uno de los enclaves más importantes en la defensa de la Serranía y sobre todo de Ronda, después de tomada Olvera, formando un eslabón en la cadena de castillos diseminados por todo el reino nazarí. Además de estos castillos, una red de atalayas o torres de vigía, construidas en elevaciones rocosas, dominaban una amplia zona del territorio y cooperaban a los fines referidos. Según Ibn al-Jatib en tiempos de Muhammad V había unas catorce mil torres en territorio nazarí de este tipo.

Igualmente la importancia de Grazalema en esta época podría ser un hecho que podemos verificar, si pensamos en la huella musulmana más destacada y que se conserva en nuestros días: La presencia del alminar de la Iglesia de San Juan declara ampliamente la constitución de una población considerable y de cierta categoría,  un monumento de estas características no se encuentra en pequeñas aldeas. Las alusiones de algunos autores sobre la posibilidad de que la iglesia de Santa María de la Encarnación tuviese los mismos orígenes, situada en el emplazamiento de una antigua mezquita, son arriesgadas dentro del marco histórico, al carecer de datos fidedignos que avalen esta teoría. La experiencia nos aporta, sin embargo, que las mezquitas de todos los lugares tomados por los Reyes Católicos fueron transformadas en iglesias cristianas con el nombre de Santa María de la Encarnación. Teniendo en cuenta esta posibilidad, la existencia de una segunda mezquita y de más envergadura que la hoy conocida, en este caso dos) podría confirmarnos la aceptación de la grandeza de una antigua ciudad que fue decayendo con el correr de los años. La carencia documental nos mantiene en una actitud prudente, lamentando esta falta de datos.

Posiblemente su decadencia siguió a una primera etapa de preponderancia.  En la Crónica de Juan II se protagonizan ciertas acciones en las cuales el cronista habla de Çagrazalema tratándola de aldea, rica en ganado.[9]

El Infante (don Fernando) envía a Grazalema a Diego de Quiñones, a Pero Alonso de Escalante y a Rodrigo de Narváez, acompañados de sus donceles.

“…e ellos llegaron al aldea e vieron que era una buena aldea, e fallaron dentro muchos moros e començaron a pelear con ellos fasta que les entraron en la aldea. E los moros acogiéronse a la sierra.

E morieron ay fasta quinçe moros en la pelea, e algunos de los cristianos, por se detener en la aldea a robar, seyendo salida la gente, e otros que escaparon feridos de ballestas. E los moros tenían todo lo más e lo mejor de lo que tenían alçado a la sierra; empero fallaron ay pan, trigo, çeuada e figos; e non traxeron dello sino muy poco, porque no lleuauan en qué lo traer…”

Alonso Fernández de Melgarejo fue nombrado alcaide de Zahara. Desde la villa envió a sus hombres a poner una celada a los moros de Grazalema:

“… Alonso Fernández mandó a ciertos de caballo de los suyos que entrasen a poner vna çelada en derecho de Graçalema, en lugar do no la viesen los moros; la qual dezían que viniesen a destoruar los cautivos de la vna parte e de la otra. E estos que entraron pusieron su çelada, e vieron yr al ato de ovejas de los moros, que yban corriendo, e los moros que las lleuauan ovieron vista de los cristianos que entraron a poner la çelada.

E los cristianos fizieron que los no veían, e vinieron a Çahara e dixiéronlo a Alonso Fernández Melgarejo. E Alonso Fernández ynvio a cabo de tres días a ver si andavan allí las ovejas, para enviar gente por ellas; e fallároslas allí do las avían dexado. E otro día enbió allá a Fernand Rodríguez de Vallezillo, su alcayde, con fasta çinquenta de a caballo e çinquenta omes de pie.

E llegaron a Graçalema, e en llegando mandó yr a correr veynte de caballo, para que si viesen las ovejas las troxiesen; e Fernán Rodrígues con los otros quedó en çelada. E paresce que ovieron vista dellos çinco de caballos moros que entravan a fazer daño a tierra de cristianos, e venía por su almoçaden dellos Alí Aven-Moçad. Este allí les dixo:

Estos de caballo son pocos, e si lo fazemos saver a Ronda tomárselos han. Fagámoslo saber a estas aldeas de aquí cerca, e avrémoslo para nos.

E fiziéronlo ansí, e allegáronse veinte de caballos moros e ochenta peones. E ellos juntos, que yvan por tomar el puerto a los veynte de caballo corredores de los cristianos, vieron estar los otros treinta de caballo en la çelada, e acordaron de pelear con los cristianos de la çelada. E los cristianos tocaron vna tronpeta, e los que yvan a correr oyeron la tronpeta e tomáronse. E fallaron que peleavan los cristianos e los moros, e ovieron su pelea con ellos; e fueron desvaratados los moros.

E fueron muertos çinco cristianos, e muchos feridos; e de los moros diz que se fallaron luego muertos veinte e seis, e fueron presos quinze moros. Los moros desbaratados se sobieron a la sierra, e los cristianos cargaron sus muertos e sus feridos, e viniéronse a Zahara. E diz que vendieron la cabalgada por quarenta mill maravedís.[10]

No cabe duda de que la “aldea” poseía cierto bienestar, sobre todo por su riqueza ganadera.

La población tuvo existencia como núcleo poblacional durante todo el dominio musulmán: Desde su conquista hasta la toma de la Serranía de Villaluenga por don Rodrigo Ponce de León en 1485. Desde entonces se configuró como una de las Cuatro Villas que pertenecieron a la Casa de Arcos, cuya cabeza la ostentó Villaluenga.  Permaneció como lugar secundario hasta los siglos XVII y XVIII en los que Grazalema se situó como núcleo industrial de la Serranía y por ello volvió a gozar de un papel brillante, económico y cultural entre sus vecinos y zona circundante, de tal forma que se le denominó “Cádiz el Chico”.



[1] LEVY-PROVENZAL:  La Península Iberique su Moyen-Age. Traducción de las Crónicas de AR-RAND-AL MITAR.
[2] DOMINGUEZ ORTIZ, A.: Historia de Andalucía. Y PINILLOS ORTIZ DE LANDALUCE, FERNANDO.: Historia de Grazalema. Pg. 40-41
[3] MENÉNDEZ PIDAL, R.: Historia de España. ASÍN PALACIOS: Contribución a la toponimia árabe de España. Y: LEVY-PROVENZAL: Ib.
[4] TORRES DELGADO, C.: El reino nazarí de Granada. (1232-1340) Granada, 1974, pg. 314
[5] TORRES DELGADO, C.: Ib. Pg. 364
[6] ALIJO HIDALGO, F.: Antequera y su tierra (1410-1510) Libro de Repartimientos. Málaga, 1983
[7] Estas afirmaciones se hicieron en 1974, cuando Grazalema seguía manteniéndose como cabeza de partido judicial.
[8] TORRES DELGADO, C.: .: El reino nazarí de Granada.(1232-1340) Granada, 1974, pg.360
[9] Esta época designa a Grazalema como decadente.
[10] ALVAR GARCÍA DE SANTAMARÍA: Crónica de Juan II de Castilla. Ed. Mata Carriazo, J. de. Madrid, 1982

MOTIVACIÓN

"Donde está la verdad, está Dios" (M. de Cervantes. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)
"La verdad os hará libres" (Jesucristo)

Profundizando en nuestra historia, descubriendo la verdad de lo que fuimos, podremos comprender lo que somos ahora. Por ello, cómo no difundir el fruto de mis investigaciones históricas, para que a través de su conocimiento seamos un poquito más libres, conscientes de nuestro pasado y de nuestro presente, para proyectar mejor nuestro futuro.