viernes, 4 de diciembre de 2015

RELACIONES ENTRE RONDA  Y SU SERRANÍA CON ARCOS DE LA FRONTERA EN LA EDAD MEDIA, SEGÚN EL INSIGNE ARCENSE, DON MIGUEL MANCHEÑO Y OLIVARES

Mª Antonia Salas Organvídez


La historiografía medieval y sobre todo la concerniente a la segunda mitad del siglo XV es explícita en numerosos episodios acaecidos en Andalucía. Cuando el poder musulmán se hallaba reducido al ámbito del reino nazarí de Granada, la belicosidad toma protagonismo en nuestro suelo de forma implacable, aunque otros momentos de la Historia también narran sucesivos enfrentamientos entre los dos bandos.
Desde 1248  Fernando III el Santo toma Jerez de la Frontera; esta toma fue muy efímera, realmente es su hijo Alfonso X el Sabio el verdadero conquistador de esta zona. Desde entonces Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera se consideraron como verdaderas avanzadillas cristianas en el valle del Guadalete. Y sobre todo esta última ciudad sufrió notablemente los repetidos ataques de la morisma circundante, dada su ubicación verdaderamente fronteriza y por ello llena de continuos peligros. Cercana a baluartes musulmanes considerables, como Cardela, Garciago, distantes unas cuatro leguas y con la ciudad de Ronda como núcleo principal musulmán,  igualmente próxima, nos dan idea del estado de alerta en el que Arcos vivió durante mucho tiempo.
El presente artículo recoge algunos episodios acaecidos que nos darán una idea de cuáles fueron las relaciones entre las ciudades de Ronda y Arcos.[1]
Respecto a la invasión almohade en 1146, su emir Abd al-Mu´min envía desde África a su general Abu-Amram (Barraz) que desembarca en Algeciras y conquista Sidonia y Jerez. En su lucha por desbancar a los almorávides los somete en Córdoba. Mientras, el alcaide de Arcos, Abul Hanri, en contra de los nuevos invasores, se apodera de Ronda y hace prisionero a su alcaide Achil. El triunfo en toda la Península de los almohades hace a Arcos sucumbir y entrar en la nueva órbita de los conquistadores.[2]
Más tarde, en 1223 y muerto Almostansir, fue elegido como emir Al-Mumin, encontrándose con un fuerte competidor: Abu Zakaría Jahye a quien seguía el sur de Andalucía. El encuentro entre los rivales se dio entre Sidonia y Arcos donde triunfó el primero. Jahye tuvo que refugiarse en los montes (probablemente en la Sierra del Valle, ¿Alcalá del Valle?). Desde allí halló prosélitos en la Serranía, donde siguió su lucha, sobre todo en Cortes y Jimena. [3]
El antagonismo entre Ronda y Arcos se recrudece desde el momento en que esta última ciudad cae en manos cristianas en septiembre de 1255. En estos últimos tiempos había sido patrimonio de una mora principal, la cual no se resignó a perderla. Sus habitantes, recién sometidos, decidieron alzarse contra los cristianos y de acuerdo con los musulmanes de Ronda, una noche les abrieron las puertas de una de las torres, cercana a la Puerta de Matrera, dando así entrada a los rondíes.
Los castellanos se defendieron durante dos días, logrando al fin expulsar a los invasores serranos. Desde entonces se denominó La Torre de la Traición.[4]

En tiempos de Alfonso XI de Castilla, en 1325, y en la campaña organizada por este monarca, llegados a Olvera e informado que los de Ronda venían en su auxilio, mandó el rey llamar al grueso de sus tropas, estando la guarnición de Arcos incluida en las del concejo de Sevilla.  Durante el tiempo que duró la empresa comenzada por el rey, estos hombres con los de Arcos se apoderaron, cerca del castillo de Ayamonte, de un convoy que iba en dirección a Ronda. Estas huestes, con el impulso de haber vencido, persiguieron a los moros que habían escapado hasta las mismas puertas de Ronda. Un gran contingente de rondíes salió de la ciudad, atacándoles por todas partes. Los castellanos se dieron precipitadamente a la fuga, siendo auxiliados por el resto del destacamento sevillano, salvando la expedición de una derrota inminente.
Por ello cupo al rey la satisfacción de la conquista de Olvera, Pruna, el castillo de Ayamonte y Torre Alháquime. En esta campaña las huestes cristianas fronterizas, entre ellas las de Arcos, tuvieron gran protagonismo.[5]
En 1339 llegó al rey la noticia de que nuevas tropas desembarcaban en Algeciras. Marchando para Sevilla reunió a los combatientes de los diferentes concejos, entre ellas la de Arcos, y se dirigió a Ronda, donde se libraron algunas acometidas, sobre todo por la parte del Mercadillo. La precipitación con que se organizó esta expedición hizo que Alfonso XI tomara la decisión de retornar a Osuna, no sin antes devastar los campos de Teba y Ardales.
Era entonces rey de Ronda Abd-al-Malik. Dirigió nueva ofensiva con gran número de combatientes de a pie y caballo. Taló los campos de Arcos y Jerez, robando el ganado y haciendo cautivos a gran número de cristianos. Rechazados los moros se entabló feroz batalla, consecuencia de la cual fue la muerte del caudillo musulmán en los campos de Alberite, cerca de Villamartín.[6]
Las circunstancias excepcionales de la guarnición arcense, como vigilantes permanentes de la frontera cristiana, le confirieron igualmente un status especial: Franquicias específicas con exención de pechos y cargas impositivas, disfrute de pastos y maderas, hidalguía común a todos sus vecinos y sobre todo, su permanencia guerrera en un ámbito cercano, evitando que salieran sus huestes más allá del Guadalquivir, con el fin de evitar desguarnecer la ciudad y su término. Esto no tenía especial relevancia, dado la continuidad de ataques moros en su zona y el estado incesante  de alerta en que se hallaban.
La significación militar entre sus habitantes, por su ubicación fronteriza, fue su principal característica. Por ello las guarniciones fronterizas, en especial las de Arcos, fueron en los grandes momentos protagonistas en todas las acciones guerreras de los monarcas castellanos contra los musulmanes de la zona y en especial los de la Serranía de Ronda.
Con don Pedro Ponce de León se inaugura en este linaje la titularidad del condado de Arcos. En tiempos de Juan II y con el infante don Fernando a la cabeza, se acometen distintas acciones en Andalucía, en 1407 que les llevan a conquistar Zahara, Setenil, Cañete, Ortejicar, Olvera, Torre Alháquime, Las Cuevas, etc. Por sus grandes servicios recibe del rey la villa y condado de Arcos de la Frontera.[7]
En tiempos de Pedro I de Castilla hombres de Arcos, en unión de otras tropas de frontera, fueron los elegidos por el rey para realizar sus incursiones por Ronda y otros lugares cercanos. El asunto fue la traición y el destronamiento que el emir granadino Muhammad V el Bermejo, amigo del rey castellano, sufrió por su hermanastro Isma´il[8] y su refugio en tierras serranas.
Como hemos expuesto, la Crónica de Juan II de Castilla recoge las incursiones que su tío el infante don Fernando, llamado después de Antequera, realiza por la Serranía de Ronda, debido a la corta edad del rey.
Mientras se preparaban las huestes en Córdoba y los de Granada acudían a las fronteras de esos lugares, los de Arcos, Olvera y Marchena entraban en la Serranía y lucharon contra doscientos cuarenta jinetes de Ronda y Setenil, cerca de Grazalema. En estas lides fueron muchos los cautivos, casi todos caballeros principales de Ronda y murieron más de setenta. [9]
En el primer tercio del siglo XV el alcaide moro de Ronda, Abdalá Granalexi entró con numeroso ejército en tierras de Arcos tomando todo lo que encontraba a su paso. Siguió por Jerez y allí su gente, junto con la de Arcos que los había perseguido, acometieron a los musulmanes infligiéndoles gran derrota con numerosos muertos y prisioneros, entre otros el mismo alcaide y su sobrino Hamet, los cuales fueron prendidos por el caballero arcense don Alonso Fernández de Valdespino.
Las treguas firmadas entre el emir granadino y el rey castellano proporcionaron una paz efímera, puesto que ya en 1431 se reanuda la lucha.
Pedro García de Herrera, mariscal de Castilla, comienza las acciones con trescientos jinetes y cincuenta peones, todos vecinos de Arcos y Jerez. El resultado de estas fue la toma de la villa de Jimena.[10]
En 1432 los moros volvieron a acercarse a las puertas de Arcos. Fueron rechazados por los vecinos, persiguiéndoles éstos hasta Zahara, unidos a las tropas de Per Afán de Ribera, Adelantado mayor de la frontera y señor de Benadalid y Benalauría.
De nuevo los granadinos, a las órdenes del alcaide de Ronda con mil cuatrocientos hombres de pie y caballo invadieron el término de Arcos. El conde don Juan Ponce se hallaba en la ciudad enfermo pero eso no fue obstáculo para levantarse del lecho y salir con cien jinetes y doscientos peones. A media legua en los campos de Mataparda, hoy llamada La Torrecilla, se enfrentaron los enemigos. El fuerte impulso y la fuerza extrema con que atacaron los de Arcos hicieron a los moros retirarse, abandonando la abundancia de lo aprehendido en ganados y cautivos.
Más de trescientos cincuenta muertos granadinos, atravesados por las lanzas cristianas quedaron en el suelo y unos doscientos fueron prisioneros. Cincuenta arcenses perdieron también sus vidas.
Dos años después volvieron a atacar los términos de Arcos los alcaides de Alhama, Archidona y Ronda con dos mil jinetes y seis mil peones. Enterados los cristianos de lo que se fraguaba, se reunieron caballeros de Arcos, Marchena, Morón y Utrera, avisando a los jerezanos para que estuviesen prestos. Don Juan Ponce de León iba al mando y enfrentándose entre Espera y Arcos en el lugar llamado Cruz de la Legua, trabaron una reñida lucha, que si no llega a ser auxiliada por los de Jerez, hubiesen perdido. Pero con esta magnífica ayuda derrotaron al enemigo y se produjo una gran huída con grandes pérdidas. Los castellanos también tuvieron considerables bajas: Ciento cincuenta caballeros, entre ellos el alcaide de Arcos. El lugar conserva hoy día el nombre que tomó: El Cerro del campamento y Haza de los Muertos, en memoria de tantos cadáveres que quedaron sepultados en su suelo.[11]
En el año 1445 y tras nuevas ofensivas de los granadinos, talando todo el territorio de Arcos, tomando cautivos y matando a un gran número de campesinos, fue el motivo de que las mesnadas de la ciudad saliesen con don Pedro Ponce de León al frente y, atacando a la retaguardia musulmana entre Cardela y Garciago, villas enemigas cercanas a Ubrique, causaron grandes pérdidas y recuperando prisioneros y ganado aprehendido. El lugar de la batalla quedó conocido con el nombre del Lomo de don Pero Ponce, que perdura en  nuestros días. El balance de la lucha, favorable a los arcenses fue grande: Más de 1300 cautivos, 455 caballos, repartidos entre los vecinos y un gran número de muertos.[12]
Ya en los últimos albores de la Edad Media y en las mismas puertas de la Guerra de Granada, la figura de don Rodrigo Ponce de León, señor de Arcos, será la más representativa en las luchas de la cristiandad contra la morisma serrana.
Son muchos los sucesos protagonizados por este singular guerrero en Ronda y sus aledaños:
Incendia y destruye Villaluenga, Benaocaz y Ubrique. Posteriormente acomete el ataque a la torre del Mercadillo en la misma ciudad de Ronda, retornando con un gran botín.
Los moros de Ronda le responden con la nueva toma de Zahara. Después organizan una gran batida por los campos de Arcos y Jerez. Cerca del castillo de Tempul y antes de que los arcenses fuesen ayudados por los jerezanos, los rondeños les acometieron con gran fuerza. La pelea fue feroz, dejando cadáveres por todas partes; caballeros de la insigne Arcos entre otros su alcaide Juan García Lozano y el hijo de éste. Desde entonces se denominó al lugar La Vega de Juan Lozano.[13]
En los días en que don Rodrigo Ponce de León consiguió la toma de Alhama, moros de Ronda, al saber que la ciudad de Arcos había quedado totalmente desguarnecida, con una población de mujeres, ancianos y niños, aprovecharon para atacarla.
La esposa de don Rodrigo y señora de Arcos, Doña Beatriz Pacheco, “la varonil”, como era nombrada, organiza su defensa. Algunos caballeros de Utrera, Espera y Bornos, enterados, intentaron apartar la retaguardia de las puertas de Arcos y fueron retirándolos cerca de Bornos en el llamado Lomo del Judío. Allí fueron derrotados los moros después de una encarnizada lucha.
Mientras, el cerco a Arcos seguía su estrategia y cuatro mil moros lo mantenían. Las mujeres, animadas por su señora, doña Beatriz, tomaron las armas de su marido y subieron a las almenas en un intento de defensa.
El duque de Medinasidonia, aunque enemigo acérrimo de los condes de Arcos, al enterarse de lo que sucedía, acudió noblemente con sus mesnadas, formadas por mil caballos e hizo retornar a Ronda y sus sierras a los sitiadores.[14]
Tras la terrible derrota de la Axarquía donde murió la flor y nata de los caballeros cristianos en los abruptos barrancos de la región, tuvo lugar un feroz encuentro al pie del castillo de Hortales entre el alcaide de Ronda y algunos hidalgos arcenses, entre otros Juan de Armario, Antón Romero y Fernando Tardío. El resultado fue victorioso para los cristianos pero la pérdida de algunos hijos del alcaide rondeño, le hizo en venganza saquear y devastar gran parte del término de Arcos.[15]
La guerra continuaba y las ganas de desquite entre los cristianos por la tremenda derrota condujeron a don Rodrigo Ponce de León a escalar el castillo de Lopera, apoderándose de él y aunque los moros de Ronda intentaron defenderlo fieramente, no pudieron lograrlo. Algunos caballeros hicieron frente a un gran contingente musulmán que venía de Ronda, junto al río Guadalete, venciéndolo en la batalla que lleva su nombre: La de Lopera e hicieron cautivo al caudillo rondeño Mohamad Corofre.
La situación en que se hallaban los moros, en estos momentos con su rey Boabdil cautivo de los Reyes Católicos, los hizo prepararse de nuevo para otras incursiones. De Ronda, Málaga, Álora, Marbella, El Burgo, Casares, Coín y Vélez Málaga llegaron grandes tropas hacia la ciudad de Arcos y Lopera, con el fin de recuperar el castillo. Encontráronse con cristianos de Écija, Morón y Utrera y se entabló una feroz lucha. Desde el castillo llegó su alcaide Pedro Romero con gente de Arcos y atacándoles por un flanco lograron hacer huir a los moros. Mientras, don Rodrigo que se hallaba en Jerez, avisado de lo que sucedía, emprendió con sus hombres el camino hacia Zahara en busca de aquellos, los cuales se habían acogido a puntos estratégicos, esperando su llegada. En medio del fragor de la lucha se vieron atacados por la espalda por un gran número de moros, resto de los vencidos en Lopera. La situación para el bando castellano se hizo crítica y en ese momento creyeron ver su derrota. Dos caballeros arcenses, Juan de Ayllón y su hijo acometieron una acción heroica, al atacar las banderas musulmanas que se hallaban lejos entre la morisma. Arrancarlas y poner fin a los abanderados hizo elevar el ánimo de sus compañeros, al mismo tiempo que llenaban de terror las filas enemigas, aunque esto les acarreó la muerte. Estos huyeron llenos de terror, dejando en manos cristianas un gran botín de guerra. Los alcaides de Ronda, Coín y El Burgo fueron prisioneros, junto a más de quinientos moros. El balance final para los moros fue de quinientos de caballo y setecientos peones muertos. [16]
A partir de ese momento don Rodrigo Ponce de León, señor de Arcos, dedicará todas sus fuerzas a la reconquista del último baluarte musulmán en la citada Guerra de Granada. Primero Zahara, y entre otras más la ciudad de Ronda y la villa de Setenil fueron el prolegómeno de sucesivas conquistas.
Ya en los albores del siglo XVI y en otras épocas posteriores los condes de Arcos, ya en esos momentos, duques de Arcos, contribuyeron especialmente en dominar las sublevaciones moriscas en la Serranía de Ronda. En los desfiladeros de Sierra Bermeja encontraron la muerte caballeros arcenses, entre otros, Diego de Palacios, Alonso Sánchez Monje, Martín Espinosa, Juan de Armario, Alonso de Ayllón y Pedro Mancheño. Y en dicha Sierra Bermeja, así como en las revueltas de la Serranía de Villaluenga se halló luchando el segundo don Rodrigo Ponce de Léon, nieto del primero.[17] Su hijo don Cristóbal Ponce de León apaciguó igualmente la Serranía de Ronda en la sublevación de los moriscos del 1559 a quién acompañó su hijo el tercer don Rodrigo. Nuestro cronista nos dice: “…Hallóse al lado de su padre en las guerras de los moriscos y al frente de ochenta lanzas atravesó toda la Serranía de Ronda hasta Casares por entre multitud de enemigos…” [18]
No queremos finalizar el artículo sin poner una pincelada humana, después de tan escabrosas hazañas militares:
Fue fundado en Arcos el hospital de la Misericordia por los hermanos de San Juan de Dios en el año de 1540 por Fray Juan Pecador, Fray Fernando y Fray Pedro de Ugarte, “… del desierto de las Nieves, cerca de Ronda, vinieron a Arcos, donde fundaron un hospital, aprovechando parte del extenso edificio que para otra obra análoga, para casa de expósitos fundaron los primeros duques de Arcos, don Rodrigo Ponce de León y doña Beatriz Pacheco…”[19]




















[1] Los datos están tomados de: MANCHEÑO Y OLIVARES, M.: Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera. Vol. I. Diputación de Cádiz y Ayuntamiento de Arcos, 2002. Los sucesos que van a ser expuestos en el presente artículo se citarán, según las páginas del volumen. Lamentablemente no nos informa de las fuentes de donde fueron sacados.
[2] Pag. 30
[3] pag. 31

[4] pgs. 32 y 33
[5] pg. 53
[6] pg. 54
[7] pg. 42
[8] pág. 62 y ARIÉ, R.: España musulmana (siglos VIII al XV) Ed. Labor, pg. 40 y ss.
[9] Pág. 75
[10] pág. 86
[11] págs. 91-92
[12] pág. 91
[13] pág. 102
[14] pág. 103
[15] pág. 104
[16] pág. 105
[17] págs. 128 y 143
[18] pág. 154
[19] pág. 184
He creído interesante añadir a mi blog la exposición que tuvo lugar en la presentación del libro "Aromas de Grazalema" por el contenido que encierra sobre este bello rincón de España.


PRESENTACIÓN AROMAS DE GRAZALEMA
                                 
                      MªAntonia Salas Organvidez 

                              


Este pequeño libro fue fruto de una época, ya casi lejana. Hace más de doce años que lo escribí. Quizás hoy no lo hubiese concebido así, al dedicarme en estos últimos tiempos a la investigación histórica, más objetiva.
Pero como he expuesto fue otra época. Siempre he sentido gran inclinación por la Literatura, materia por la que desde mi infancia me sentía sumamente atraída. Pues bien, esto me condujo a dedicarme a tan bello quehacer. Las novelas “Aixa de Ronda” y “Entre la luz y la oscuridad” fueron productos de esos bellos días.
La pasión que albergamos gran parte de los humanos por nuestras raíces me condujeron a la redacción de este pequeño libro. Esas intensas emociones fueron quizás complementadas con la formación humanística que recibí en mis estudios de Geografía e Historia. Pensé, al planificarlo, en realizar una descripción de sus paisajes. Para ello debía consolidar su conocimiento. Esa formación la adquirí recopilando y estudiando gran parte de lo que se había publicado referente a su flora, fauna y alguna que otra geografía descriptiva de su suelo.
Y es que el gran interés que encierran nuestros paisajes ha atraído a geólogos y geógrafos de todos los tiempos a realizar estudios de nuestra zona; tanta riqueza en su flora, que ha hecho a grandes botánicos acudir a nuestro pueblo en sus análisis de los vegetales que albergan; tanta variedad faunística, que ha dado lugar a grandes biólogos a la redacción y publicación de libros dedicados a los seres vivos que pululan por sus sierras; tanta belleza en su estructura topográfica, que han atraído y atraen continuamente a estudiosos y montañeros de otros países para su estudio y deleite. Así Gilperez Fraile en su libro “Andar por el macizo de Grazalema” tiene a bien exponer: “No voy a tratar de convencerte de que sea la sierra más bella de España, pero sí puedo asegurarte que reúne una serie de encantos, difíciles de encontrar juntos en otros lugares…”
Después había que añadirle sentimientos. De esos estaba bien sobrada y su redacción no me costó ningún trabajo. Quizás, pensaba después de escribirlo, me he quedado corta…
El producto está ahí. Lo considero un libro descriptivo, con matices líricos, tal como afirmo en su introducción.
También van unas pinceladas de algunos hechos históricos, sólo unas pinceladas, para que no quede atrás la gran dedicación intelectual de mi vida ni tampoco fuesen omitidos esos pequeños rasgos diferenciadores con otros lugares, en que se fraguó la atractiva Historia de Grazalema… Y así se formó este pequeño volumen.
Aunque considerablemente cerca, mi vida ha transcurrido en la ausencia del quehacer diario de nuestro pueblo. Ese día a día que aglutina tantos pequeños episodios, tan atractivos, para el que ama. Esos pequeños retazos que avivan el cariño diario. Su convivencia con cada uno de los grazalemeños que te cuentan sus alegrías, sus penas, sus desencantos… y a los que tú respondes; unas veces comunicando, otras veces acompañándolos en sus sufrimientos; otras, compartiendo sus júbilos, sus gustos, sus momentos de felicidad… esos momentos que se harán inolvidables en el tiempo y a los que acudes con frecuencia para rememorar a las personas, a los acontecimientos…
Pero esa ausencia diaria se ve compensada con la presencia de otros momentos a los que acudes y te rodeas de todo lo que amas: Hermanos, familiares, amigos… y sobre todo, de los que se ausentaron por toda la eternidad, a los que hacer una visita, aplicarles tus oraciones y derramar tus penas, forman ya parte de tu existencia.
Y junto a esta expresión de tus emociones, los dedicados a los más profundos y que desde el primer momento de tu existencia van intrínsecamente unidos a ti: El amor a Dios y a su Madre la Virgen. No me imagino a ningún grazalemeño que no sienta pasión por la Virgen del Carmen y la de los Ángeles, advocaciones tan nuestras que en un porcentaje muy alto se ven representadas en los nombres que elegimos para nuestras hijas… Esos días, dedicados a festejar sus onomásticas, en que los aplicados a sus Hermandades derrochan gran parte de su capacidad, de su tiempo, de su imaginación, de su esfuerzo… para que ese año sea mejor que el que quedó atrás y  se desenvuelvan los actos del agrado de todos.  Energía en que ponen todo su ardor, su voluntad, su amor… transmitiendo estos sentimientos a todo grazalemeño y foráneo que asistimos con alegría y vivencias inenarrables…
Por eso digo en los comienzos de esta breve exposición que me quedo corta. Las palabras, aunque voluntariamente quieran expresar, no pueden transmitir todo lo que el alma alberga. Esto es imposible. Y eso que nuestro pueblo tiene sobradas cualidades para hacerte hablar de ellas. Pero tantas y tantas cosas quedan en el corazón, sin saberlas sacar fuera…
Y aplicando la memoria a muchas personas que se fueron, no dejan de punzarme muchos nombres: Además de los de mi familia, mis padres, mis hermanos y sobrinos, mis tíos, cuñados y primo, que se fueron tan jóvenes, quiero citar de manera especial a Rosario Moreno, vecina que sentía gran cariño por nuestra familia. Isabel Bernal, a la que Dios recogió, siendo tan joven, así como a sus padres, Gabriel y Frasquita, a los que nos unía  gran cariño, y en general a un gran número de convecinos que nos dejaron a través de todos estos años.
Concretándome en este libro, que ve la luz hoy, decidí hacer un recorrido intelectual desde los tres caminos de acceso: La Rivera de Gaidóvar, Ronda y por consiguiente, Los Alamillos y desde la Carretera Nueva. Los magníficos paisajes que albergan y sus abruptas montañas atraen a muchas personas amantes de la Naturaleza virgen que aún no han sido mancilladas con la contaminación y que se hallan en el mismo estado que siglos atrás. Nuestras sierras son visitadas preferentemente por ecologistas y conocidas más allá de nuestras fronteras.
Grazalema, inmersa en la Serranía de Ronda también supo atraer a muchos viajeros románticos del siglo XIX. Basándome en las investigaciones realizadas por mi buen amigo, Antonio Garrido, en varios libros dedicados a este tema, no puedo dejar de citar a algunos que visitaron nuestra tierra y dejaron en sus países noticias de nuestras altas montañas, de nuestra gente y de nuestras costumbres. Así el aristócrata Richard Ford, visita en 1832 Grazalema y cuenta en su libro la entrevista que tuvo con los once hombres de la partida de Frasquito de la Torre, lugarteniente de José Mª el Tempranillo, cuando ya se habían redimido; En 1810, el oficial francés, André François Miot de Melito nos dice en sus Memorias desde Nueva York: “El descenso comienza en el puerto y después de un cansado trayecto al fin alcanzamos Grazalema, una pequeña ciudad en medio del desierto”. Y otro oficial, Rochfot Scott (1825) quien confiesa que Grazalema es el principal motivo de su viaje y que, como militar deduce la importancia estratégica del pueblo, al escribir: “Su importancia militar es grande, ya que sólo por su suelo se puede alcanzar uno de los principales puertos de la Serranía. Su privilegiada situación es un seguro de difícil acceso en los ataques de los enemigos”. Y hasta el mítico Washington Irving en 1828 atraviesa nuestras sierras.
Y como la primera mujer que nos deja el relato de su viaje por la Serranía, (1853) podemos citar a Lady Louise Tenison, quien con gran expresividad cuenta sus vivencias en Grazalema y la curiosidad que despertó su visita: “Es evidente que en Grazalema, hasta ahora, por el interés inusitado que despertábamos, no habían visto mujeres montando a caballo a la manera inglesa”; el atrevimiento de algunos mozalbetes, al subir algunos al balcón de su alojamiento para ver lo que la inglesa pintaba. Por esta actividad nos dejó una bonita litografía del pueblo con el peñón grande al fondo. En general sus escritos sobre Grazalema es una continuada loa a sus bellezas. George Alexander Hoskins (1850), el naturalista Abel Chapman (1872) que antepone la belleza de nuestros pinsapos a los de otros lugares de la Serranía. El popular novelista americano Charles Dudley Warner, que cifra la población grazalemeña en unos diez mil habitantes y que hace una descripción, plena de alabanzas de nuestro pueblo. Así dice: “Grazalema fue una sorpresa para nosotros y desde luego vale la pena pasar dos días a lomo de mulas para verla”. Y sobre nuestras mujeres: “Las mujeres, que estaban sentada a las puertas o tomando el aire en las calles con las mantillas en las cabezas y el insustituible abanico en las manos, eran lo más hermoso que habíamos visto hasta ahora…”
No podemos dejar de citar a Louis Launay, un francés polifacético y considerado un sabio, miembro de la Academia de las Ciencias y de la de Agricultura francesa, autor de un centenar de obras y que llega a nuestra tierra en 1889, describiendo en su viaje los barrancos de Grazalema, “que se abren majestuosos”
Tesis doctorales, referidas a diversos aspectos, han atraído como tema fundamental a los estudiosos, defendiéndose con ahínco múltiples facetas que encierran, ya específicamente dedicadas a su interesante petrografía, ya a su rica fauna o bien a su original flora. Podemos citar como ejemplo algunos estudiosos, como Peter Hoppes, alemán que vivió en Grazalema allá por los años 70 del siglo pasado, durante el tiempo que duró la investigación de su Tesis Doctoral sobre Petrografía y Geología; Aparicio Martínez y Silvestre Domingo, autores y estudiosos de la Flora del Parque Natural; Alicia Ríos Cote y Méndez Romero, que enfocan su investigación en los recursos medioambientales del Parque y esencialmente del Macizo de Grazalema; Gil Monreal y su equipo, estudiosos de las Sierras de Zafalgar, del Pinar, Endrinal, Caíllo, Líbar y Los Pinos, además de otros intelectuales anónimos que pusieron su trabajo al servicio de algunas Consejerías andaluzas, como la de Medio Ambiente y lleva a cabo sus publicaciones, de la que nos enriquecemos todos.
Tampoco puedo dejar atrás al antropólogo Ginés Serrán Pagán que con su entusiasmo nos transmitió su saber en su estudio de nuestra Historia, en el de Pamplona-Grazalema y en el del Toro y la Virgen de Grazalema; también sobre el lobo y las ovejas de Grazalema. Con anterioridad otro antropólogo, Pitt-Rivers se había decantado por nuestro pueblo para realizar su gran estudio. Y posteriormente otro enamorado de nuestro pueblo, Fernando de Pinillos, dedicó su tiempo a la redacción de una nueva Historia de Grazalema.
No hay que olvidar a un gran amante de su tierra que nos dejó: Juan Diánez, que con su gran inteligencia y memoria, supo donar a las generaciones futuras gran parte de las vivencias que su mente prodigiosa iba almacenando a través de los tiempos. Y entre los jóvenes historiadores, empeñados en sacar a luz cuánto se esconde en los archivos y tradiciones, a Andrés Sánchez Barea, Fernando Campuzano, Jesús Román, Francisco Campuzano, Luís Ruíz, Cándido Gutiérrez, etc todos valiosos en el trabajo paciente y cotidiano de este mundo cultural grazalemeño, cuya colaboración, sin duda ha llegado a su culminación, en una época de gran inquietud por conocer nuestro pasado, en la persona de Diego Martínez Salas, director y fundador del blog más importante que se dedica a levantar los conocimientos olvidados y darlos a conocer en ámbito universal, como corresponde al medio más extendido que se conoce en estos últimos tiempos: Internet. 
En la trayectoria de este pequeño estudio he recorrido con la imaginación, plena de sentimientos, los vericuetos que conducen a Grazalema, ascendiendo sus magníficas alturas, descendiendo vaguadas, atravesando sus bosques, vadeando sus arroyos y ríos…  Este ir y venir, más bien virtual de mi mente, me hicieron comprender mejor sus bellezas y aprestaron mejor mi sensibilidad, dispuesta en estos momentos a despojarla de todo materialismo para conferirle un tono espiritual, del que creo va impregnado este pequeño libro.
Y con él les dejo, a sabiendas de que en el tiempo otras personas pueden completar todo lo que me he dejado atrás y que sin duda sabrán exponer con más precisión todas las bellezas que encierra nuestro pequeño pueblo.

























miércoles, 22 de octubre de 2014

CAUTIVOS Y ESCLAVOS EN ÉPOCA MEDIEVAL EN LA SERRANÍA DE RONDA


Publicado en “Memorias de Ronda” nº 4, 2007
                                                         

CONCEPTOS GENERALES


El concepto medieval del cautivo es el de prisionero de guerra, caído en manos de una sociedad antagónica y de distinta religión, cuya libertad quedaba sometida a la condición de un rescate.[1]

La permanencia durante más de siete siglos de la civilización islámica en España fue la clave principal, para que la esclavitud se estableciera como parte esencial de la sociedad. Braudel en su estudio sobre las civilizaciones afirma que el Islam es una civilización esclavista por excelencia.[2]

No podemos atribuir estas actuaciones particularmente al marco musulmán. En la zona cristiana existieron muchos moros cautivos. Las razzias por una parte y las expediciones guerreras castellanas por otra tuvieron gran protagonismo en el mundo de la cautividad. Las familias más pudientes poseían esclavos moros con el beneplácito del resto de la comunidad.[3]

Y, si nos remontamos en la Historia, el tema esclavos-cautivos nos conduce lamentablemente a épocas despiadadas y crueles en las que el vencido en combate arrastró penalidades y sufrimientos, hartamente conocidos en muchas civilizaciones.

La concepción general sobre el asunto que nos concierne acepta una mejora substancial en el trato del esclavo a partir de la Baja Edad Media, siendo éste mejor considerado por sus dueños que en etapas anteriores.[4] No obstante hay matices diferenciadores entre unas culturas y otras. El trato vejatorio, concubinato del dueño con las esclavas, el abuso laboral, etc. y el robo, embriaguez, extorsiones, fugas, etc. entran implícitamente dentro del marco de la esclavitud.[5]

Tanto la sociedad medieval como la moderna se habían caracterizado por mantener una valoración injusta en sus estratos, divididos éstos por categorías con valor jurídico, sancionado por los reyes y basados en situaciones de índole económica. Fuera de dichos estratos se encontraban los marginados: esclavos, extranjeros, moriscos, etc. Conformaban un 10 por 100 de la población[6] y los esclavos eran totalmente externos en dicha estructura, valorados como bienes equiparables a cualquier mercancía. Tasados en las compra-ventas, no presentaban distinción con la de cualquier animal en las mismas transacciones mercantiles de las que eran protagonistas.[7]

Algunas legislaciones contemplaban la actuación esclavista, defendiendo el derecho de estas personas con las más elementales bases humanitarias: integridad corporal, unidad familiar, matrimonio, etc.[8]

Existieron voces de protesta hacia los abusos de que eran objetos los esclavos. Sin embargo no se levantaron esas voces para intentar abolir dicha práctica.

La presencia de estos grupos marginados fue aceptada, como ha quedado expuesto, por los ámbitos del poder terrenal. Resulta difícil el aceptar que los poderes espirituales de las diferentes concepciones religiosas vigentes mantuvieran el mismo criterio. El concepto del botín de guerra como derecho legítimo y la utilidad económica que un esclavo aportaba fueron manejados como justificación razonada. La Iglesia al añadir el carácter de Cruzada limitó esencialmente su aceptación de la esclavitud, reduciéndola  a la persona de los infieles, cuestión aceptada sin trabas por los fieles practicantes.

En el otro extremo el Islam aconsejaba que se tratase bien a los esclavos, aunque defendiendo crudamente la esclavitud. Para ellos estas personas carecían de derechos y eran considerados como inferiores en dicha doctrina.[9]

La época renacentista se impone, rememorando la filosofía de Aristóteles, con la difusión de sus ideas en su “Política” sobre las desigualdades raciales innatas (los servi a natura). El Derecho Justinianeo y el Derecho romano son igualmente aceptados en los apartados que prescribían la esclavitud.[10]

Los lugares limítrofes al Mediterráneo, sobre todo Italia y España, se distinguieron, al ser zonas esclavistas por antonomasia. La Península Ibérica, debido a su eterna lucha por reconquistar lo que había perdido en los siglos anteriores, mantuvo estas concepciones sobre todo en el sur: Andalucía y la zona mediterránea.

El análisis del tema en nuestro país puede ser enfocado en dos vertientes significativas: Cautivos cristianos aprehendidos por musulmanes y a la inversa; musulmanes esclavizados por los cristianos.

La cautividad como tal era para los moros una óptima actividad económica. El mercado de esclavos proporcionaba cuantiosos dividendos. Muchas guerras de frontera y razzias se organizaban principalmente para este fin. El destino de los cautivos surtía muchas veces la mano de obra agrícola y artesanal. Los harenes de los poderosos musulmanes se vieron embellecidos con la presencia de esclavas cristianas, concubinas y esposas tomadas contra su voluntad. Valga de ejemplo la historia tan conocida de Isabel de Solís, hija del gobernador de Martos, esposa del rey granadino Abu l-Hassan.

La vida fronteriza ofrecía muchos riesgos, sobre todo cuando expiraba el período de treguas y aún dentro de éstas, [11] pactadas por las autoridades de ambas zonas.[12] El temor al apresamiento, la falta de paz y sosiego, los miedos, el recelo, etc. eran constantes. Por otra parte la humillación del cautivo y sobre todo el tratamiento inhumano que recibía el vencido hacía que muchas veces el deseo de la muerte superara a la existencia de una vida de esclavitud.

En el marco cronológico que nos ocupa, la llegada de los benimerines protagonizó las más duras expediciones de saqueo y castigo, devastando todo lo que encontraban a su paso y capturando miles de personas, de tal forma que estos cautiverios se extendieron más allá de la zona fronteriza.[13]

Los apresamientos fueron frecuentes en toda la Edad Media [14] en que las noticias de estas acciones se encuentran profusamente documentadas, de tal manera, que en la legislación castellana son repetitivos los escritos alusivos a cautiverios: Prohibición de cobrar a cautivos cristianos redimidos el diezmo y medio diezmo de lo morisco al pasar por lugares fronterizos. Idem sobre pago de los derechos por la cuantía del rescate. En caso de trueque entre moro y cristiano se debía facilitar el precio para que no fuera excesivo. Cuando fuesen vendidos moros en almoneda, si se compraban para redimir cristianos, debían tener preferencia sobre los demás compradores.[15] Sobre los ganados dados a cambio del rescate de cautivos los almojarifes y “guardas del sacar” no debían cobrar derecho de diezmo.[16]

Muchas fueron las formas de obtener prisioneros:

La aprehensión de cautivos en los mismos términos fronterizos.[17]
La figura del adalid fue determinante en este tipo de acciones. La Corona creó institucionalmente esta figura de vigilancia fronteriza, otorgándole todo tipo de facilidades para que hiciesen captura de todos los moros que encontrasen dentro de sus límites. Las acciones de muchos cristianos nuevos, cuyas conversiones recientes no eran ni sólidas ni auténticas, dieron al mundo islámico muchos cautivos de confiados cristianos viejos.

Pero fueron las cabalgadas, realizadas por uno y otro bando, las que mayor estrago hacían. Por una parte los moros africanos arribaban a las costas españolas y atacaban las zonas cercanas al litoral. El resultado les ofrecía un cuantioso botín, amén de los cautivos apresados, muchas veces personificados en mujeres, niños y ancianos.[18] Otras veces las protagonizaban los castellanos, yendo hacia Fez y Tremecén donde, efectuadas las cabalgadas, embarcaban, conduciendo a la Península, numerosos cautivos.[19] La Corona llevó a cabo el intento de organizarlas, poniendo en Puerto Real la base de partida. De esta manera quedaría más seguro el quinto real, ya definido en Las Partidas, intento de fracaso absoluto.

Con menos incidencia pero igualmente eficaces, se producían cautiverios en los naufragios de naves que cruzaban el Mediterráneo cerca de las plazas norteafricanas. En estos casos las posibilidades de escapar eran nulas.

En la Crónica de Alfonso el Onceno cuando sitia la ciudad de Gibraltar ocurre:

“…  ibánse de noche por aquel puerto llano e los moros que estaban en el camino, tomábanlo todos que no escapaba omes dellos; et tomábanlo tantos que en Algecira non valía más de una dobla el christiano cativo…”[20]

Con el nombre de“El ejercicio del corso” se nominó a las naves de carácter privado que se ponían al servicio de la armada de cualquier país rivereño de forma legal, en cuanto se les concedía la autorización de los reyes. Por ella debían participar en acciones bélicas contra el enemigo, obteniendo de esta manera grandes beneficios. La Corona igualmente participó de ellos por el quinto real o quinta parte del botín que habían de entregarles, tributo percibido en general por toda acción de cautiverio.[21]  

Los corsarios, así nominados, participaban en incursiones berberiscas por las costas enemigas, ocasionando graves daños. En las protagonizadas por las costas peninsulares los perjuicios fueron significativos.  Los Reyes Católicos hubieron de hacer llamadas a particulares en repetidas ocasiones, para estimularlos a organizar cabalgadas por el Estrecho y  costas andaluzas con el fin de rechazar dichos ataques.

No obstante la masificación de cautivos tomados la proporcionaron las guerras sobre todo la de Granada. Y específicamente en sus comienzos, cuando la derrota de la Axarquía proporcionó al mundo musulmán un considerable número de prisioneros, calculados en 1500, muchos de ellos trasladados a Berbería y otros lugares de Al Andalus. La ciudad de Ronda albergó en la Mina a muchos cautivos tomados en esta batalla. En la parte opuesta verdaderos contingentes humanos, procedentes de las ciudades que habían mostrado resistencia, sirvieron para premiar servicios a particulares y para alimentar las arcas del tesoro.[22] La brutal resistencia malacitana por parte de los musulmanes condujo a la esclavitud a la totalidad de la población superviviente. De 11.000 a 15.000 prisioneros, según las distintas fuentes.[23]


INSTITUCIONES RELACIONADAS CON CAUTIVOS

La vida fronteriza presentaba una gran complejidad y el entendimiento entre ellos era muy difícil. Convivían en la frontera un extraño conglomerado marginal de helches, tornadizos, cautivos, homicianos, etc. Por ello la regulación de ciertos problemas se intentó resolver unas veces de forma bilateral y otras por cada una de las partes. De ahí que se establecieran ciertas instituciones jurídicas o políticas según sus características:

El alcalde entre moros y cristianos,[24] en árabe al-qadí o juez de frontera se instituyó con el fin de fallar las querellas entre castellanos y moros de lugares fronterizos. Fue una institución nacida de pactos concertados entre los mandatarios musulmanes y castellanos y con actuaciones independientes en cada parte, tanto en competencias como en jurisdicción. Al ser la frontera tan extensa, cada juez o alcalde delegaba sus funciones en otros subordinados. Estos últimos servían como instructores de los casos, puesto que el fallo había de ser pronunciado por el mismo juez. En cuanto era probada la responsabilidad del delito, se determinaba un plazo de cincuenta días para la sentencia del juez de frontera. Si en su lugar se apelaba, el proceso se traspasaba a la Corona, cuyo fallo era inapelable. Las penas iban desde la condena a muerte en los casos más extremos a otras de carácter más leve. Devolución del ganado robado, ídem. de cautivos aprehendidos, etc. La violación de las treguas concertadas por los reyes era castigada, aunque en la práctica muchos fronteros infringían dichas órdenes.

Para estar en condiciones de ejercer el cargo de juez de frontera, exigieron los monarcas, tanto el granadino como el castellano, que el sujeto fuese persona relevante, respetada y que gozase de la consideración general de los demás, con experiencia en política, tanto interior como exterior y conocer bien el carácter y forma de vida de sus enemigos.[25]

Otra institución marcadamente fronteriza fue la de los fieles del rastro o rastreros, individuos que estaban al servicio de los anteriores. Fue una institución complementaria que, como su nombre indica, eran nombrados para seguir las huellas del que había delinquido, investigar en el rastro, perseguirlo y llevarlo ante el juez. Su papel en el tema de la cautividad fue sumamente importante, siendo indispensable su actuación desde el mismo momento en que se denunciaba el rapto. Tenían jurisdicción limitada dentro del término en que ocurriera el hecho delictivo. Para ello debían ser buenos conocedores del terreno y tener gran habilidad en el seguimiento de las huellas. En caso de llegar a los confines de su jurisdicción sin encontrar al delincuente, el rastrero cedía su pesquisa al compañero del lugar colindante.

Los lugares de la Serranía de Ronda con la ciudad a la cabeza serían mudos testigos de innumerables acciones en el seguimiento de los rastros ocasionados por hechos de esta índole. Los reiterados ataques que los moros habitantes de nuestra zona realizaban contra los lugares ya castellanizados de Olvera, Morón Osuna, etc. y el resto de la llamada “Banda morisca”, abarcando toda clase de delitos, provocaron la actuación continuada de los fieles del rastro, como quedan registradas en numerosos documentos relacionados con los pueblos antedichos. También queda constancia de las buenas relaciones sostenidas por las autoridades de dichas zonas, dispuestos a colaborar en muchas ocasiones.

No hay que olvidar sin embargo las duras épocas de enfrentamiento y lucha. En esos momentos el almocadén de la tierra era el encargado de encabezar las expediciones de represalia o de botín contra el enemigo. Sus funciones se dirigían a vigilar los caminos fronterizos, espiar y seguir el rastro de los almogáraves granadinos u hombres de guerra.

Un papel importante en estos momentos correspondía al adalid, jefe, guía y capitán. Será responsable de los hombres que estaban bajo su mando y que confían en su habilidad y experiencia. Este cargo de adalid asumía el peligro, la audacia, la aventura… Había de conocer bien a sus hombres, así como la zona donde iban a actuar. Se complementaba con las figuras de los almogáraves. Ambos hacían realidad el canje o rescate de cautivos y se servían de los trujamanes o intérpretes.

La Serranía de Ronda conocía bien estos oficios. Fueron numerosas las cabalgadas que se efectuaban para aprehender ganado, cautivos, etc. La documentación de estos hechos es abundante y son repetitivos en la historia musulmana de esta tierra. Por citar una, en 1478 don Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos, hace una cabalgada contra Grazalema. En 1481 saquea e incendia Villaluenga y posteriormente llega hacia Ronda donde destruye la torre del Mercadillo.

El tema de la cautividad fue sin duda el más cruel y habitual en la zona fronteriza. La inseguridad que generó el contacto entre dos sociedades hostiles, la continuidad de la violencia que provocaba la proximidad del enemigo y el lucrativo comercio que seguía a estas acciones dan idea del fin que muchas cabalgadas y razzias perseguían. Es así que, tanto por parte musulmana como castellana, se plantearon la creación de una institución dirigida a este tipo de delitos: La alfaquequería, cuyo fin era mediar en la redención de cautivos en la frontera de Granada  y en la zona norteafricana.[26] Fue considerado como uno de los grandes oficios de la administración central en la frontera. Hasta el reinado de Alfonso X el rescate de cautivos se hacía por particulares o por los religiosos redentoristas. En las Partidas se reglamenta dicha actividad, cuando la Corona considera de vital importancia su control. El Ordenamiento de Toro de 1368, las Cortes de Alcalá de Henares de 1348 y las Cortes de Toro de 1371 complementan la normativa por la que se debía regir dicha institución.

Se componía de un alfaqueque mayor, personaje representativo de la Corona, auxiliado por alfaqueques menores o municipales, uno por cada sector fronterizo. Si particularmente se quería redimir a un cautivo había que pedir licencia a instancias superiores. Las negociaciones podían hacerse mediante canje: un cristiano por un moro o viceversa, o bien por pago de un rescate, como ha quedado expuesto. Los alfaqueques fronterizos debían dominar bien los dos idiomas para poder negociar con holgura. El alfaqueque serrano, cuando desempeñaba su oficio, debía portar el pendón de la ciudad de Ronda. Muchos alfaqueques menores fueron acusados de soborno y espionaje por los propios concejos fronteros. El de Ronda tenía su residencia habitual en la ciudad, aunque podía ejercer su oficio en toda la Serranía. Por cada rescate y según las dificultades que presentaba, el alfaqueque menor recibía una remuneración que en Ronda se cifraba en unas cinco doblas castellanas por término medio, sin ser esta una cifra exacta, dependiendo, como ha quedado expuesto, del trabajo y gastos que realizase.

Otros lugares, como Zahara, clasificada como “puerto seco”, estaban dotados de esta institución.[27] La función del alfaqueque podía realizarla cualquier particular que se dedicase a buscar la huella de algún cautivo. Tenia que pedir licencia a instancias superiores. Este trabajo se hizo bastante remunerativo, dado que el sufrimiento de la pérdida de un familiar y el deseo de su recuperación hacía poner todos los medios económicos posibles, para llegar a buen fin. La movilidad de un buen alfaqueque era considerable, viajando a Berbería, si el rescate así lo exigía o si había que dirigir la búsqueda a otros lugares peninsulares.[28] Otras personas complementaban estas gestiones, casi siempre de forma ilegal; mercaderes, marinos, aventureros, etc. cuyo fin el de enriquecer sus arcas, mediante el fraude y otros medios ilícitos oscurecieron la tarea redentorista. De ello se deduce el aspecto lucrativo de estas acciones. Muchas veces la intervención del rey mediante escritos o trámites diplomáticos hacía posible la liberación de cautivos.

Las órdenes religiosas consideraban la redención como un deber moral que habían de afrontar. Comenzó esta actividad la Orden militar de Santiago, dedicando las rentas de unas casas que poseían, para este fin. Las órdenes que más se entregaron a esta función fueron la de los Trinitarios y la de los Mercedarios. Rentas de casas, limosnas, beneficios eclesiásticos, mandas testamentarias, etc. fueron dedicadas a la recuperación de cautivos. Hubo que salvar muchas dificultades pero su espíritu de entrega les proporcionó la satisfacción de realizar una labor encomiable. Actuaban paralelamente a los alfaqueques, sin que hubiese enfrentamientos ni obstáculos entre unos y otros.

En muchos casos se resolvían los rescates con la devolución del cautivo a cambio de la aprehensión de uno o varios voluntarios que quedaban en su lugar. Es el caso de Diego de Zurita, alcaide de Arcos que deja a su hija Inés, a su sobrino Lorenzo y a dos criadas, Catalina y Aldonza, obteniendo la libertad con esta permuta y condicionada a su resolución definitiva. Por la tregua de 1439 serían devueltos estos cautivos.[29]

Y es que las treguas pactadas por los reyes musulmán y castellano, en la que los primeros admitían el vasallaje a Castilla, consideraron de manera prioritaria dos elementos fundamentales: Las parias que habían de ser entregadas y el rescate de cautivos.

La tregua citada, pactada entre Juan II de Castilla y Muhammad IX de Granada, nos proporciona algunos datos interesantes sobre la cautividad:

Los sujetos más relevantes en la diplomacia serían el Alfaqueque Mayor y alcaide de Granada, Alí ibn Said al-Amín y don Iñigo López de Mendoza. Por este tratado se comprometía el rey Muhammad IX a entregar en tres pagas, un total de 550 cautivos cristianos, 30 de ellos elegidos por Juan II; “moços, viejos, niños e mugeres”. [30]  El pacto fue respetado y cumplido con creces, pues a los 550 cautivos tratados en el rescate, se añadieron 88 prisioneros más, haciendo un total de cristianos devueltos 638.
  

INCIDENCIAS DE LA CAUTIVIDAD EN TIERRAS DE RONDA


Al margen de las relaciones típicamente económicas en los lugares fronterizos, que invitaban entre otras actividades al pacer y comerciar, amén de cortos lapsus de negociaciones y treguas locales, las relaciones bilaterales entre los pueblos musulmán y cristiano iban encaminadas a perpetuar las diferencias insalvables que permanecían presentes. Por ello la violencia se imponía en múltiples aspectos: robos, cautiverios, represalias, prendas, etc.

La práctica de negociar las treguas servía en algunos momentos para atenuar la beligerancia, cosa que no siempre ocurría o llegaba tardíamente, a ciertos lugares de la frontera. La debilidad en que iban cayendo los nazaríes hizo que, al reconocer la superioridad castellana, vieron como una buena salida la negociación de las treguas. A Castilla le convenía esta medida, pues además del respiro que la paz le confería, recibían en concepto de parias bienes en especie o metálico y sobre todo la liberación de cautivos según los tratados.

La frecuencia de aprehensiones en la Serranía de Ronda se daría más abundantemente en etapas posteriores, sobre todo después de ser tomada Sevilla por Fernando III y con Alfonso X al ser consolidada la plaza de Jerez. La proximidad de la Banda morisca acercó las acciones guerreras cada vez más a la Serranía. Ambas zonas mantuvieron contactos violentos sobre todo después de caer aquella zona en manos cristianas. Igualmente ocurrió en las plazas de Olvera y Torre Alháquime pues las razzias y algazúas fueron repetitivas. Unas veces partirían desde Morón, Écija, etc.[31] y otras serían los rondeños y serranos los atacantes. Tras un ataque de los rondeños por tierras moronenses los cristianos, hombres de pie y de caballo siguieron el rastro hasta llegar a términos de Pruna y Zahara, llegando hasta Audita.

Seria demasiado prolífera la enumeración de tantas acciones de capturas y raptos en tierra de Ronda. No obstante su interés obliga a una enumeración, aunque somera de ellas.

Toda la Serranía sobre todo por el sector fronterizo reunía las condiciones idóneas para que los almogáraves o gandules realizasen sus actividades violentas.  Esto traía como consecuencia una constante inquietud entre viandantes, agricultores, ganaderos, etc. que no podían ejercer sus tareas con tranquilidad. Por ello la búsqueda entre las autoridades locales de algunos períodos de paz, al margen de las treguas establecidas por los poderes centrales, fue evidente.

“… Cada sector de la antigua frontera de los s. XIII y XIV, durante el s. XV se convierte en una frontera local y particular, cuyos protagonistas son de parte cristiana y granadina los respectivos alcaides y qaídes de las fortalezas cercanas y enfrentadas a una y otra parte de esta frontera local…”[32]

Son muchos los episodios en que se hacen negociaciones entre los poderes rondeños y otros de lugares cercanos:

“… yendo cabtivos los vezinos de la dicha villa oyó dezir este testigo al alguazil de Ronda, y llorando que porque los moros dixesen que era christiano avía venido a tomar la dicha villa…”[33]

O bien:

En 1420 el alcaide de Ronda mandó ejecutar un cristiano renegado y a dos cautivos moros, fugados, que habían asesinado al caballero jerezano Rodrigo de Vera y raptado a dos de sus hijos, quienes fueron inmediatamente puestos en libertad por ser esa época de treguas.[34]

En una carta de las autoridades rondeñas y de Setenil al conde de Arcos se dice:

“… nos son levados dos moros de término desta cibdad y a los fechos saber que están en Osuna…”[35]

 Y en agosto de 1393 Alonso Fernández Melgarejo recibió 6.000 maravedís para ir con 10 lanceros a entrevistarse con el alcaide de Ronda y otras autoridades serranas. El fin era determinar algunos servicios que habían de prestar a la Corona.[36]

En 1431:
“… sabía por un moro que había traído cautivo el adalid Juan Vindo que los de Ximena se disponían a correr la tierra, pues habían recibido del rey de Granada un socorro de 150 jinetes…”[37]

Las distintas treguas pactadas por los reyes dieron en ciertos momentos un respiro. En muchas ocasiones serán violadas, como se constata por la de 1450 en la zona serrana de Ronda:

“… Pese a la citada tregua, el nuevo año se inicia, a nivel local, con ciertas tensiones derivadas de la vida fronteriza, robos y cautiverios fundamentalmente, por uno y otro lado de la frontera, y en las que jugaron un importante papel los alfaqueques como García Alonso, quien con motivo de su estancia, finales de diciembre de 1456, en la sierra de Villaluenga y en Ronda había mantenido conversaciones con Benahaxin y otros moros principales de la zona…”[38]

Y durante esta misma tregua, son los musulmanes de Ubrique los que envían una carta al concejo de Jerez:

“…fazen saber que los caballeros de Ximena mataron e troxeron çinquenta moros de Marbella porque se alçó contra el rey Ysmael…”[39]

A pesar de todo, se constata el esfuerzo que hacen los mandatarios de la sierra de Villaluenga y los cabeceras de Ronda por mantener la paz con Arcos y Jerez enviando sus cartas para pactarla. En algunos casos la fama de la persona es la que decide el cautiverio:

En 1455 las autoridades de Ronda permitieron que el alfaqueque Alonso García de Haro se llevase a un prisionero cristiano con la promesa que le sería devuelta una mora cautiva en Arcos, gracias a la garantía que poseía su palabra.[40]

La mayoría de las veces la actuación de los alfaqueques fue decisiva en la recuperación de cautivos: Diego Ruiz, como alfaqueque fue a rescatar e sacar algunos moros “que traxeron cabtivos quando el duque quemó a Villaluenga y que un año antes que Zahara se perdiese este testigo venía de Ronda y traya dos cristianos rescatados”.

De nuevo en marzo de 1455:

“… Llegó a Jerez el alfaqueque García Alonso de Haro y llevó cartas a Ronda y Gibraltar, Ximena y sierra de Villaluenga. Algunas veces las cartas de los tratados eran enviados por algún cautivos que hacía de mensajero y a cambio se le daba la libertad…”[41] En las reuniones de carácter local uno de los puntos fundamentales que trataban era la del rescate de cautivos.[42]

Pero a pesar de la necesidad perentoria de mantener ciertos contactos unilaterales que habían de llegar a uno u otro acuerdo fronterizo, también el contacto conducía en ciertos casos a la queja, según los incidentes que se produjeran. Las autoridades rondeñas se quejan ante don Juan Ponce de León:

“… en otra tal tregua como esta levaron tres muchachos del término desta cibdad de Montexaque e que por esta cabsa se rebolvió la guerra por do están perdidos asaz moros e cristianos e muchos ganados de una parte a otra, segund sabe vuestra señoria. E agora avemos savido que don Rodrigo, vuestro fijo, se mobía para venir a correr a esta tierra e enbió caballeros e lebaron un moro desta tierra…[43]

La actitud de los moros de Granada destacaba por su dureza:

“… los moros de Granada vienen a los lugares de Málaga, Vélez-Málaga, Ronda y su Serranía, Axarquía y Garbia con armas y hacen cautivos y otros delitos.[44] Los Reyes Católicos piden al rey de Granada que haga pregonar en su reino que ningún moro vaya a los lugares citados con armas, bajo pena de ser aprehendidos. En otros momentos dan comisión al bachiller Serrano para que saque a los cristianos cautivos de la Serranía que fueron tomados cerca de Marbella. Piden que se informe sobre cuáles son estos presos y cuáles fueron muertos. También que trate sobre la libertad de los que se llevaron a África, haciendo expresa mención de Juan Martínes y Leonor Alfon, su mujer.[45]

Otras veces serán los cristianos los que con su actitud provoquen situaciones difíciles: En 1483 después de conquistada Zahara por don Rodrigo Ponce de León y haber concedido la libertad a todos sus moradores, ciertas personas de sus mesnadas intentan desobedecer sus órdenes:

“… e por el dicho Pedro de León me fue fecha relación (expone el rey don Fernando en una carta) diziendo que se teme e reçela que algunos caballeros e otras personas de mis reynos e señoríos o de otras partes le quieran tomar e ocupar e tener para cativo o esclavo, diziendo que no es libre…” [46]
Después de conquistada la tierra, los Reyes Católicos dan una carta de perdón a los moros de Benadalid y entre otras cláusulas en las que ponen condiciones se encuentra:

“… paguen (los moros) el rescate de cautivos cristianos que lo han sido por causa de los moros…”
“… no acoger a ningún malhechor de los huidos ni a los que ahora asaltan a cristianos, sino lo comuniquen a las justicias para ser cogidos y castigados…”[47]

En los numerosos pleitos que sostiene la ciudad de Ronda con los lugares limítrofes las probanzas de testigos dan a conocer numerosos casos de cautivos.

Los llamados gandules, moros organizados en patrullas, asaltaban por sorpresa a pastores, agricultores y caminantes de la zona fronteriza, ocasionando robos, muertes y cautiverios de cristianos.[48]

En los arriendos de los vecinos de Cortes éstos vigilaban a los ganados que iban a pacer a sus términos y muchas veces surgieron problemas con los de Alcalá de los Gazules:

 “… porque otros moros de otras alquerías de aquella tierra no los cativasen ni hiciesen danno pues que venían a aquella tierra por su hervaje…”[49]

Entre algunos cautivos tomados en la Sauceda, lugar de Cortes, citamos:
“… Los moros de Cortes tomaron a un cristiano viejo de la villa de Ximena. Los de Cortes tomaron el rastro y nunca lo hallaron. Los cristianos de Ximena hicieron prendas en los moros de Cortes y los otros también…”[50]
“… Juan Jubeire, cristiano nuevo estuvo cautivo en la ciudad de Xerez…”
“… Alonso García, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez seis años …”
“… Bartolomé Martines Mazaru, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez diez años…”
“… Antonio de Fonseca, cristiano nuevo estuvo cautivo en Xerez doze años…”

La captura de prisioneros sigue produciéndose.[51] Como ejemplo podemos citar a Zahara, nuevamente conquistada en 1481 por un escalador de Montejaque, al-Hedrieli, ayudado por varios moros. Hicieron cautivos a mujeres, niños y ancianos y a unos 26 hombres.

Igualmente en las probanzas del pleito por Zahara un testigo depone:

“… todos los vezinos de la villa fueron presos y sus mugeres e fijos, salvo 7 o 8 que eran omes por casar y fuyeron descolgándose por los adarves…”[52]

“… Antón de Barajal testifica que con otros compañeros “… entraron a tierra de moros en almogavaría a pie, estando puestos en salto para tomar algunos moros que viniesen y vinieron 99 de cavallo, moros de Setenil e cautivaron a este testigo e a otros 17 dellos…”[53]

“… Los vezinos de Zahara después de la toma de la villa, a fines de 1481 fueron agrupados todos en la casa del bastimento y los tuvieron allí fasta que los enviaron a Ronda…”[54]

Son muchos datos importantes los que hemos de omitir en este Artículo. Es significativo que durante la Guerra de Granada los Reyes Católicos dejaron en libertad a muchos musulmanes vencidos, como es el caso de Ronda. En Málaga, la cautividad abarca a la totalidad de su población.[55]

Es de justicia el reseñar la sobrecogedora narración que nos hace el insigne historiador Moreti, de sobra conocido por todos los amante de la Historia de Ronda sobre los cautivos hallados en la Mina durante la toma de la ciudad por los Reyes Católicos:

“… En seguida procedieron a la entrega de cautivos, sacados de las mazmorras y los Baños,  en donde los tenían, más de tres mil de ellos, cuya miseria y desnudez causó profunda sensación en los cristianos. El estado lastimero en que se presentaron, confundidos, entre asquerosos harapos (…) pues los pobres que salían de las prisiones que la brillante luz de libertad les había roto, ya no eran hombres, fieles trasuntos de la muerte, apenas podían tenerse…”

“… su Alteza cerraba aquel cortejo religioso (…) tras los que continuaban los cautivos que, ya en libertad, traían a hombros las cadenas que antes los aprisionaron…”[56]

Y aún conquistada la tierra y en poder de los cristianos, moros huidos al norte de África volvían y confabulados con otros, hacían prisioneros, para llevarlos y venderlos como esclavos. Refugiados en la intrincable Serranía, asaltaban a todo el que se ponía a su alcance. Es de destacar el horrendo castigo que recibió un “colaborador” de una cuadrilla: Francisco el Quexí, cristiano nuevo, por orden del corregidor Alonso Mudarra en la ciudad de Ronda. Es condenado a una muerte atroz por toda su trayectoria y por su colaboración en el apresamiento de una familia que se trasladaba de Villaluenga a Ronda y en Foreila son asesinados los dos hijos mientras los padres y una hija son trasladados a África para proceder a su venta como esclavos.[57] Las acciones persecutorias durarán hasta después de las rebeliones moriscas, castellanizada la tierra totalmente. Después vendrán los peligros de los piratas que asolarían nuestras costas en los siglos venideros.



[1] RAMOS LOCERTALES. El cautiverio en la Corona de Aragón durante los siglos XIII, XIV y XV. CSIC, Valencia, 1978. pp. 32, 33 También: “… hasta la conquista de la Serranía de Ronda su situación jurídica (los esclavos) se confunde con la de los cautivos”… PÉREZ GALLEGO, M.: El concejo de Morón, 1991, nº 2  Desde la Frontera, Rev. de temas moronenses, p. 143
[2] BRAUDEL, F.: Las civilizaciones actuales. Madrid, 1---- p. 125
[3] En la tregua de 1439 se trata la devolución de ciertos cautivos. El rey de Granada devolverá a Alfonso de Estúñiga y el rey de Castilla al alcaide Abrahem, hijo de Zaide Alamín. MATA DE CARRIAZO, JUAN de: Un alcalde entre los cristianos y los moros. Al Andalus XIII, 1948, nº 23 pp.35-95
[4] FRANCO SILVA, A.: La esclavitud en Castilla durante la Baja Edad Media. H.I.D. nº 6, 1979. pp. 113-127
[5] ROJAS GABRIEL, M.: La frontera entre los reinos de Sevilla y Granada en el siglo XV. (1390-1481) Cádiz, 1995, pp. 214-215
[6] DOMINGUEZ ORTIZ, A.: El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Alianza Universidad. Hª de España Alfaguara III, 1981, p. 104
[7] Mª PRESENTACIÓN PEREIRO BARBERO. “Esclavos en Málaga en el s. XVI. Arcaísmo productivo/cohesión ideológica. BAETICA, 8. pp. 321-329
[8] LADERO QUESADA, M.A.:  La esclavitud por guerra a fines del siglo XV. El caso de Málaga. Rev. Hispania nº105, 1967, pp. 63-88
[9] ROJAS GABRIEL, M.: La frontera entre los reinos de Sevilla y Granada en el siglo XV. (1390-1481), Cádiz, 1995
[10] DOMINGUEZ ORTIZ, A.: Ibid. P. 178
[11] LADERO QUESADA, M.A.: Ibíd. P. 65
[12] MATA CARRIAZO, J. de: Las treguas de 1450 y la guerra civil granadina. Estudios sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de la Conquista de Málaga. 1987, p. 9 y ss. Ed. López de Coca.
[13] ROJAS GABRIEL, M.: Ibíd.
[14] Recuérdense las expediciones de Almanzor.
[15] LADERO QUESADA, M.A.: Ibid. P. 66 y “Los mudéjares de Castilla en tiempos de Isabel I. Colección Documental nª 83, Valladolid, 1969
[16] ROYO BERMEJO, A.: Isabel, reina de Castilla. V Centenario. Rev. Historia nº  334, 2004, p. 107
[17] En el caso de Ronda y su Serranía esta forma de cautiverio fue común.
[18] ROYO BERMEJO, A.: Ibíd. P. 96
[19] LADERO QUESADA, M.A.: Andalucía en la Baja Edad Media. Universidad de Cádiz, 1999, p. 82
[20] Crónica de don Alfonso el Onceno, (Biblioteca de Autores Españoles, tomo 66) Madrid, M. Rivadeneyra editor, 1875, Cap. CXXI
[21] La Serranía de Ronda se abstuvo en muchas ocasiones de pagar este concepto. Las paces locales, tratadas, a espaldas de los poderes centrales paralizó en manera estas acciones. ACIÉN ALMANSA, M.: “Ronda y su Serranía en tiempos de los Reyes Católicos” Málaga, 19   p. 138
[22] DOMINGUEZ ORTIZ, A.: El Antiguo Régimen. Los Austrias. Historia de España Alfaguara III, 1981, p.179
[23] Ibíd.: La esclavitud por guerra a fines del siglo XV. El caso de Málaga. Rev. Hispania, 105. p. 70
[24] Véase Mata Carriazo, Juan de: Un alcalde entre moros y cristianos. Ib. Como institución se inaugura en 1405-1406. TORRES DELGADO, C.: “Liberación de cautivos del reino de Granada. Siglo XV” La España Medieval, 3 (1982) p. 640
[25] La falta de datos sobre los personajes que personalizaban estas instituciones en la tierra de Ronda puede deberse al carácter autonómico con que nuestros lugares se definían, no por su inexistencia pues cada sector fronterizo poseía nombramientos al respecto.
[26] GARCÍA FERNÁNDEZ, M.: La alfaquequería mayor de Castilla en Andalucía a fines de la Edad Media. Los alfaqueques reales. Estudio de Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de la Conquista. Excma. Diputación de Málaga, 1987. pp. 37-54
[27] Los “puertos secos” fronterizos eran considerados lugares obligados a “sacar” cautivos. Se decide su ubicación en el tratado de treguas de 1439 entre Castilla y Granada y ordenado por el rey Juan II. “… El rey de Castilla ha de dar tres puertos abiertos a saber: Alcalá la Real en el Obispado de Córdoba, Huelma, en el Obispado de Jaén y Antequera o Zahara en el Arzobispado de Sevilla…” MATA CARRIAZO, JUAN de: Un alcalde entre los cristianos y los moros. Al Andalus XIII, 1948, nº 25, p. 60 También: TORRES DELGADO, C.: Liberación de cautivos… p. 641
[28] Muchos esclavos cristianos se encontraban repartidos en lugares como Bugía, Argel y Orán, dada la costumbre musulmana de conducirlos a las plazas norteafricanas, a medida que los cristianos se adentraban en territorio nazarí durante la Guerra de Granada.
[29] TORRES DELGADO, C.: Liberación de cautivos… p. 644
[30] TORRES DELGADO, C.:  Ibíd. P, 649
[31] “…Morón era un enclave fronterizo siempre amenazado por los moros de la Serranía de Ronda…” GONZÁLEZ JIMÉNES, M.: Morón de la Frontera a comienzos del siglo XV. A.E.M. nº 17, 1987, pp. 401-413 También: “… la constante amenaza que siempre significaban las entradas y merodeos de la almogaravía rondeña…” ROJAS GABRIEL, M.: Ordenanzas otorgadas a Morón de la Frontera.por Alfonso Téllez Girón (1462) Desde la Frontera, Revista de temas moronenses., 1993, nº 6, pp. 31-46
[32] TORRES DELGADO, C.: La fortaleza de Zahara de la Sierra. Pérdida y recuperación. La  incorporación de Granada a la Corona de Castilla. Excma. Diputación de Granada, 1993, p. 351
[33] Ibíd.: Probanza 2, pret. XXIII, testigo XXX
[34] Ibíd.: p. 187
[35] Ib. P. 188
[36] ROJAS GABRIEL, M.: Ibid. P. 163
[37] RALLÓN E.: Historia de la M.N. e M.L. ciudad de Jerez de la Frontera. Jerez 1860, p. 79
[38] ABELLÁN PÉREZ, J.:La ciudad de Jerez de la Frontera y el Reino de Granada. Academia Scientiarum Fennica. 2006, p. 106
[39] Ibíd.: p. 82
[40] ROJAS GABRIEL, M.: Ibíd. P. 230
[41] Ibid.: p. 173
[42] Ibid.: p. 175
[43] Ibíd.: p. 185
[44] R.G.S. 1488, junio, 6, fol.165
[45] R.G.S. 1490, agosto, fol. 13
[46] R.G.S. diciembre, 1483, fol. 13
[47] R.G.S. 1493, julio, 13, fol. 55
[48] SALAS ORGANVIDEZ, A.: La transición de Ronda a la Modernidad. Ed. La Serranía y Real Maestranza de Caballería de Ronda. 2004. Los capítulos III, IV, V y VI contiene abundantes datos sobre la actuación de esos bandidos y otros más sobre cautiverio.
[49] ACIÉN ALMANSA, M.: Ronda y su Serranía en tiempos de los Reyes Católicos. P. 137
[50] Ibíd.: y A.R.Ch.G. 5133, Fol.. 49, 55, 68, 102v,130v, 152v, 156v.
[51] TORRES DELGADO, C.: Ibid.: p. 356
[52] ROJAS GABRIEL, M.: “ Ibid. P. 209
[53] Ibíd.: p.211
[54] Ibíd.: p. 214
[55] LADERO QUESADA, M.A. La esclavitud … Rev. Hispania, 105,
[56] MORETI, J.J. Historia de Ronda. Fundación Unicaja, 1993, pp. 428-429
[57] SALAS ORGANVIDEZ, Mª A.: Pleito entre Ronda y la villa de Cortes por los términos de Alais y Pulga (1541) Aún sin publicar.