PRESENTACIÓN AROMAS DE GRAZALEMA
MªAntonia
Salas Organvidez
Este pequeño libro fue fruto de una época, ya casi
lejana. Hace más de doce años que lo escribí. Quizás hoy no lo hubiese
concebido así, al dedicarme en estos últimos tiempos a la investigación
histórica, más objetiva.
Pero como he expuesto fue otra época. Siempre he
sentido gran inclinación por la
Literatura , materia por la que desde mi infancia me sentía
sumamente atraída. Pues bien, esto me condujo a dedicarme a tan bello quehacer.
Las novelas “Aixa de Ronda” y “Entre la luz y la oscuridad” fueron productos de
esos bellos días.
La pasión que albergamos gran parte de los humanos
por nuestras raíces me condujeron a la redacción de este pequeño libro. Esas
intensas emociones fueron quizás complementadas con la formación humanística
que recibí en mis estudios de Geografía e Historia. Pensé, al planificarlo, en
realizar una descripción de sus paisajes. Para ello debía consolidar su conocimiento.
Esa formación la adquirí recopilando y estudiando gran parte de lo que se había
publicado referente a su flora, fauna y alguna que otra geografía descriptiva
de su suelo.
Y es que el gran interés que encierran nuestros
paisajes ha atraído a geólogos y geógrafos de todos los tiempos a realizar
estudios de nuestra zona; tanta riqueza en su flora, que ha hecho a grandes
botánicos acudir a nuestro pueblo en sus análisis de los vegetales que
albergan; tanta variedad faunística, que ha dado lugar a grandes biólogos a la
redacción y publicación de libros dedicados a los seres vivos que pululan por
sus sierras; tanta belleza en su estructura topográfica, que han atraído y
atraen continuamente a estudiosos y montañeros de otros países para su estudio
y deleite. Así Gilperez Fraile en su libro “Andar por el macizo de Grazalema”
tiene a bien exponer: “No voy a tratar de
convencerte de que sea la sierra más bella de España, pero sí puedo asegurarte
que reúne una serie de encantos, difíciles de encontrar juntos en otros
lugares…”
Después había que añadirle sentimientos. De esos
estaba bien sobrada y su redacción no me costó ningún trabajo. Quizás, pensaba
después de escribirlo, me he quedado corta…
El producto está ahí. Lo considero un libro
descriptivo, con matices líricos, tal como afirmo en su introducción.
También van unas pinceladas de algunos hechos
históricos, sólo unas pinceladas, para que no quede atrás la gran dedicación
intelectual de mi vida ni tampoco fuesen omitidos esos pequeños rasgos
diferenciadores con otros lugares, en que se fraguó la atractiva Historia de
Grazalema… Y así se formó este pequeño volumen.
Aunque considerablemente cerca, mi vida ha
transcurrido en la ausencia del quehacer diario de nuestro pueblo. Ese día a
día que aglutina tantos pequeños episodios, tan atractivos, para el que ama.
Esos pequeños retazos que avivan el cariño diario. Su convivencia con cada uno
de los grazalemeños que te cuentan sus alegrías, sus penas, sus desencantos… y
a los que tú respondes; unas veces comunicando, otras veces acompañándolos en
sus sufrimientos; otras, compartiendo sus júbilos, sus gustos, sus momentos de
felicidad… esos momentos que se harán inolvidables en el tiempo y a los que
acudes con frecuencia para rememorar a las personas, a los acontecimientos…
Pero esa ausencia diaria se ve compensada con la
presencia de otros momentos a los que acudes y te rodeas de todo lo que amas:
Hermanos, familiares, amigos… y sobre todo, de los que se ausentaron por toda
la eternidad, a los que hacer una visita, aplicarles tus oraciones y derramar
tus penas, forman ya parte de tu existencia.
Y junto a esta expresión de tus emociones, los
dedicados a los más profundos y que desde el primer momento de tu existencia
van intrínsecamente unidos a ti: El amor a Dios y a su Madre la Virgen. No me imagino a
ningún grazalemeño que no sienta pasión por la Virgen del Carmen y la de
los Ángeles, advocaciones tan nuestras que en un porcentaje muy alto se ven
representadas en los nombres que elegimos para nuestras hijas… Esos días,
dedicados a festejar sus onomásticas, en que los aplicados a sus Hermandades
derrochan gran parte de su capacidad, de su tiempo, de su imaginación, de su esfuerzo…
para que ese año sea mejor que el que quedó atrás y se desenvuelvan los actos del agrado de
todos. Energía en que ponen todo su
ardor, su voluntad, su amor… transmitiendo estos sentimientos a todo
grazalemeño y foráneo que asistimos con alegría y vivencias inenarrables…
Por eso digo en los comienzos de esta breve
exposición que me quedo corta. Las palabras, aunque voluntariamente quieran
expresar, no pueden transmitir todo lo que el alma alberga. Esto es imposible.
Y eso que nuestro pueblo tiene sobradas cualidades para hacerte hablar de
ellas. Pero tantas y tantas cosas quedan en el corazón, sin saberlas sacar
fuera…
Y aplicando la memoria a muchas personas que se
fueron, no dejan de punzarme muchos nombres: Además de los de mi familia, mis
padres, mis hermanos y sobrinos, mis tíos, cuñados y primo, que se fueron tan
jóvenes, quiero citar de manera especial a Rosario Moreno, vecina que sentía
gran cariño por nuestra familia. Isabel Bernal, a la que Dios recogió, siendo
tan joven, así como a sus padres, Gabriel y Frasquita, a los que nos unía gran cariño, y en general a un gran número de
convecinos que nos dejaron a través de todos estos años.
Concretándome en este libro, que ve la luz hoy,
decidí hacer un recorrido intelectual desde los tres caminos de acceso: La Rivera de Gaidóvar, Ronda y
por consiguiente, Los Alamillos y desde la Carretera Nueva.
Los magníficos paisajes que albergan y sus abruptas montañas atraen a muchas
personas amantes de la
Naturaleza virgen que aún no han sido mancilladas con la
contaminación y que se hallan en el mismo estado que siglos atrás. Nuestras
sierras son visitadas preferentemente por ecologistas y conocidas más allá de nuestras
fronteras.
Grazalema, inmersa en la Serranía de Ronda
también supo atraer a muchos viajeros románticos del siglo XIX. Basándome en
las investigaciones realizadas por mi buen amigo, Antonio Garrido, en varios
libros dedicados a este tema, no puedo dejar de citar a algunos que visitaron
nuestra tierra y dejaron en sus países noticias de nuestras altas montañas, de
nuestra gente y de nuestras costumbres. Así el aristócrata Richard Ford, visita
en 1832 Grazalema y cuenta en su libro la entrevista que tuvo con los once
hombres de la partida de Frasquito de la Torre , lugarteniente de José Mª el Tempranillo,
cuando ya se habían redimido; En 1810, el oficial francés, André François Miot
de Melito nos dice en sus Memorias desde Nueva York: “El descenso comienza en el puerto y después de un cansado trayecto al
fin alcanzamos Grazalema, una pequeña ciudad en medio del desierto”. Y otro
oficial, Rochfot Scott (1825) quien confiesa que Grazalema es el principal
motivo de su viaje y que, como militar deduce la importancia estratégica del
pueblo, al escribir: “Su importancia
militar es grande, ya que sólo por su suelo se puede alcanzar uno de los
principales puertos de la
Serranía. Su privilegiada situación es un seguro de difícil
acceso en los ataques de los enemigos”. Y hasta el mítico Washington Irving
en 1828 atraviesa nuestras sierras.
Y como la primera mujer que nos deja el relato de su
viaje por la Serranía ,
(1853) podemos citar a Lady Louise Tenison, quien con gran expresividad cuenta
sus vivencias en Grazalema y la curiosidad que despertó su visita: “Es evidente que en Grazalema, hasta ahora,
por el interés inusitado que despertábamos, no habían visto mujeres montando a
caballo a la manera inglesa”; el atrevimiento de algunos mozalbetes, al
subir algunos al balcón de su alojamiento para ver lo que la inglesa pintaba.
Por esta actividad nos dejó una bonita litografía del pueblo con el peñón
grande al fondo. En general sus escritos sobre Grazalema es una continuada loa
a sus bellezas. George Alexander Hoskins (1850), el naturalista Abel Chapman
(1872) que antepone la belleza de nuestros pinsapos a los de otros lugares de la Serranía. El popular
novelista americano Charles Dudley Warner, que cifra la población grazalemeña
en unos diez mil habitantes y que hace una descripción, plena de alabanzas de
nuestro pueblo. Así dice: “Grazalema fue
una sorpresa para nosotros y desde luego vale la pena pasar dos días a lomo de
mulas para verla”. Y sobre nuestras mujeres: “Las mujeres, que estaban sentada a las puertas o tomando el aire en
las calles con las mantillas en las cabezas y el insustituible abanico en las
manos, eran lo más hermoso que habíamos visto hasta ahora…”
No podemos dejar de citar a Louis Launay, un francés
polifacético y considerado un sabio, miembro de la Academia de las Ciencias y
de la de Agricultura francesa, autor de un centenar de obras y que llega a
nuestra tierra en 1889, describiendo en su viaje los barrancos de Grazalema,
“que se abren majestuosos”
Tesis doctorales, referidas a diversos aspectos, han
atraído como tema fundamental a los estudiosos, defendiéndose con ahínco
múltiples facetas que encierran, ya específicamente dedicadas a su interesante
petrografía, ya a su rica fauna o bien a su original flora. Podemos citar como
ejemplo algunos estudiosos, como Peter Hoppes, alemán que vivió en Grazalema
allá por los años 70 del siglo pasado, durante el tiempo que duró la
investigación de su Tesis Doctoral sobre Petrografía y Geología; Aparicio
Martínez y Silvestre Domingo, autores y estudiosos de la Flora del Parque
Natural; Alicia Ríos Cote y Méndez Romero, que enfocan su investigación en los
recursos medioambientales del Parque y esencialmente del Macizo de Grazalema;
Gil Monreal y su equipo, estudiosos de las Sierras de Zafalgar, del Pinar,
Endrinal, Caíllo, Líbar y Los Pinos, además de otros intelectuales anónimos que
pusieron su trabajo al servicio de algunas Consejerías andaluzas, como la de
Medio Ambiente y lleva a cabo sus publicaciones, de la que nos enriquecemos
todos.
Tampoco puedo dejar atrás al antropólogo Ginés
Serrán Pagán que con su entusiasmo nos transmitió su saber en su estudio de
nuestra Historia, en el de Pamplona-Grazalema y en el del Toro y la Virgen de
Grazalema; también sobre el lobo y las ovejas de Grazalema. Con anterioridad
otro antropólogo, Pitt-Rivers se había decantado por nuestro pueblo para
realizar su gran estudio. Y posteriormente otro enamorado de nuestro pueblo,
Fernando de Pinillos, dedicó su tiempo a la redacción de una nueva Historia de
Grazalema.
No hay que olvidar a un gran amante de su tierra que
nos dejó: Juan Diánez, que con su gran inteligencia y memoria, supo donar a las
generaciones futuras gran parte de las vivencias que su mente prodigiosa iba
almacenando a través de los tiempos. Y entre los jóvenes historiadores,
empeñados en sacar a luz cuánto se esconde en los archivos y tradiciones, a
Andrés Sánchez Barea, Fernando Campuzano, Jesús Román, Francisco Campuzano,
Luís Ruíz, Cándido Gutiérrez, etc todos valiosos en el trabajo paciente y
cotidiano de este mundo cultural grazalemeño, cuya colaboración, sin duda ha
llegado a su culminación, en una época de gran inquietud por conocer nuestro
pasado, en la persona de Diego Martínez Salas, director y fundador del blog más
importante que se dedica a levantar los conocimientos olvidados y darlos a
conocer en ámbito universal, como corresponde al medio más extendido que se
conoce en estos últimos tiempos: Internet.
En la trayectoria de este pequeño estudio he
recorrido con la imaginación, plena de sentimientos, los vericuetos que
conducen a Grazalema, ascendiendo sus magníficas alturas, descendiendo
vaguadas, atravesando sus bosques, vadeando sus arroyos y ríos… Este ir y venir, más bien virtual de mi mente,
me hicieron comprender mejor sus bellezas y aprestaron mejor mi sensibilidad,
dispuesta en estos momentos a despojarla de todo materialismo para conferirle
un tono espiritual, del que creo va impregnado este pequeño libro.
Y con él les dejo, a sabiendas de que en el tiempo
otras personas pueden completar todo lo que me he dejado atrás y que sin duda
sabrán exponer con más precisión todas las bellezas que encierra nuestro
pequeño pueblo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario