domingo, 25 de agosto de 2013

LA TIERRA DE RONDA EN LA CRÓNICA DE JUAN II DE CASTILLA. (1407)

LA TIERRA DE RONDA EN LA CRÓNICA DE JUAN II DE CASTILLA. (1407)

                                                       REV. MEMORIAS DE RONDA, Nº 3, SEPTIEMBRE 2006

Por su inmersión dentro del reino nazarí de Granada, último baluarte musulmán, la Serranía de Ronda se mantuvo como tierra de este reino hasta su recuperación por los R.R.C.C. La paulatina reconquista Norte-Sur va acercando cada vez más la posesión cristiana. Es lógico, por tanto, que las últimas Crónicas de los reyes castellanos estén más impregnadas de acciones bélicas en los lugares de la Serranía que las de otros reyes, anteriormente establecidos. Esto ocurre en la Crónica de Juan II de Castilla.
Juan II fue jurado príncipe heredero en el momento de su nacimiento en las Cortes de Valladolid de 1405. La situación de Castilla se muestra difícil por las querellas intestinas, que se recrudecieron en el reinado de su padre Enrique III el Doliente.[1]
La pronta muerte de éste a los 27 años provoca un nuevo problema, dada la corta edad del heredero, esto hará que se tomen serias medidas para prevenir una larga regencia.
Su madre, Catalina de Láncaster y su tío, el Infante Don Fernando, duque de Peñafiel, son los designados para ejercer dicha función.
Don Fernando ha creado un rico señorío y sus aspiraciones le conducen a encumbrar su linaje y acrecentar su poder.
La Crónica de Juan II, escrita por Alvar García de Santa María, demuestra la adhesión que el autor profesa al Infante. Tal es así, que la mayor parte de ella relata las acciones de Don Fernando, siempre en lugar del niño Rey.
Ya en 1404 el rey Don Enrique III había intentado la reanudación de la guerra de Granada, muy necesaria en aquellos momentos, dado que Muhammad V había consolidado las antiguas fronteras del reino, fortaleciendo su autoridad. El gran poder que ostentaba hizo que su heredero Abu-l-Hacchad, Yusuf II, gobernase como un verdadero déspota.
Las relaciones entre Granada y Castilla se hacen cada vez más difíciles con Muhanmad VII y a pesar de la tregua de 1406, el granadino ataca Quesada y Baeza. Es el momento más propicio para Don Fernando, que en las Cortes de Toledo logra una dotación de cuarenta y cinco millones de maravedís. Su propósito es armar un ejército de diez mil lanzas, cuatro mil jinetes, cincuenta mil peones y ochenta buques de guerra. Más tarde las Cortes de Guadalajara concedieron otros cincuentas millones de maravedís.
Hubo que vencer dificultades financieras de importancia. Las grandes deudas que estaban pendientes con los maestres y caballeros de frontera, así como con la Armada naval, hicieron que éstos se resistiesen a emprender la contienda en estas circunstancias. Tras muchos debates, la reina madre adelantó veinte millones de maravedís del tesoro del Rey.
Fue en las Cortes de Segovia de 1407 donde el Infante hizo pública su decisión de partir para Andalucía.
El martes trece de abril se pone en marcha. En la Iglesia de Santa María de Toledo veló sus armas según costumbre. Mientras, habían comenzado ya las hostilidades y en los primeros días de mayo se dan acciones cercanas a la Serranía de Ronda:
“… E partieron de Carmona e de Marchena e de Olvera quarenta e dos de cavallo e veynte e ocho omes de pie, e corrieron , en dos días de mayo, a la Torre Alaquín e Ayamonte, e pasaron allende contra Montecorço. E yendo ansí contra la sierra, a Agraçalema,  fueron descubiertos, e salieron a ellos de Ronda e de Setenil fasta doscientos e quarenta de caballo…”[2]
En la huída buscaron los cristianos un lugar propicio para defenderse y en una cuesta abatieron a unos 40 moros. Pero fue en Torre Alháquime donde el triunfo cristiano se revela, muriendo en este encuentro el hermano del cabecera de Ronda y el alguacil de la ciudad y fueron prendidos otro hermano y sobrino del gobernador rondeño. El resto de prisioneros fue conducido a Olvera y los demás huyeron.[3]
Mientras, el Infante había llegado a Córdoba y en esta ciudad recibió la noticia de que la villa de Pruna había sido tomada. Después de estar un tiempo alojado en Sevilla reunió su Consejo en Carmona y decidieron atacar a Ronda. Para ello se pusieron en camino, el 26 de septiembre de 1407 y llegaron al valle del Guadalete. Acuerdan asentar el ejército en Zahara, a pesar de la lluvia intensa y la comprobación del duro esfuerzo que en estas condiciones llevaría el ascenso a la villa.
“… los moros de Zahara, en que vieron el real asentado sobre ellos, començaron a baruolearse e a defenderse quanto podían. E començaron a tapiar e adouar el alcázar muy de rezio, e començaron a subir quanto tenían en la villa al castillo…”[4]
Diego García de Quiñones, merino mayor de Asturias, se encargó de vigilar con su gente la entrada de la villa para evitar los socorros de fuera. Moros ballesteros, afines a Zahara acudieron de noche en ayuda de la villa sin lograr penetrar en ella.
El Infante envió tres lombardas. Se situaron; la primera en la puerta de la villa, la segunda cerca del real y la tercera en el camino de Ronda. Las tres comenzaron su tarea, arrojando gruesas piedras y durante los dos primeros días sus aciertos fueron inútiles. Fue el tercer día cuando abatieron una esquina de la torre y el marco de la puerta de la villa. Después de ello los moros se rindieron y acordaron la entrega de la villa y el castillo a cambio de que los dejaran marchar con sus pertenencias a Ronda.
Para respetar la palabra dada a los moros, el Infante prohibió la entrada de los cristianos hasta que él lo dijese:
“…E como los cristianos somos muy mal mandados, pensando entrar dentro, tanto que el Infante a estos caballeros estobieron a la puerta vna gran pieça en ella;  magüer que el condestable tomó vn palo e daua palos en ellos por les desuiar que entrase el Infante e estos caballeros no los podía tirar de la puerta, magüer que el condestable avía poca mesura en el apartar. E como quier que él daua palos en ellos, no se querían tirar de la puerta. Fasta que llegó el Infnte, e tomó vn bastón en la mano, e començó a dar en vnos e en otros, muy mesuradamente, fasta que llegó çerca de la puerta. E entraron dentro los quél mandó, e después mandó cerrar la puerta…”[5].
Ya dentro, elogiaron la solidez de la fortaleza y la villa y no comprendían cómo habían podido tomarlas. Desde esta fecha hasta 1481, en que se vuelve a perder, Zahara fue el lugar cristiano más avanzado de las tierras rondeñas.[6]
En domingo se dispuso la partida de los 453 vencidos a Ronda. Con magnanimidad, el Infante les dejó 15 asnos para transporte de sus pertenencias. Después nombró como alcaide de Zahara a Alonso Fernández Melgarejo.[7]
Teniendo noticia de que el castillo de Audita y su aldea se hallaba desguarnecido, envió el Infante a Martín Alonso de Montemayor, que sin mucho esfuerzo se apoderó del lugar.
Montecorto siguió dentro de sus objetivos y las mesnadas acamparon cerca del castillo. Moros almogávares lo defendían, tan certeramente, que fueron heridos diez cristianos con ballestas.[8]
 El Infante mandó a Agraçalema a Diego Fernández de Quiñones, a Rodrigo de Naruaes y a Pedro Alonso de Escalante, sus donceles: “…E ellos llegaron a la aldea, e vieron que era vna buena aldea, e fallaron dentro muchos moros, e començaron a pelear con ellos, fasta que les entraron en el aldea. E los moros acogiéronse a la sierra. E morieron ay fasta quinçe moros en la pelea, e algunos de los cristianos, por se detener en el aldea a robar, seyendo salida la gente, e otros que escaparon feridos de ballestas. E los moros tenían todo lo más e lo mejor de lo que tenían alçado a la sierra; enpero fallaron ay pan, trigo, çebada e figos; e non traxeron dello sino muy poco, porque no lleuauan en qué lo traer…”
Envíó hasta dos mil lanzas aforradas a la puerta de Ronda. De allí salieron a combatir unos cuatrocientos hombres de a pié. En una de las escaramuzas se distinguió por su valentía Pero Niño, conde de Buelna.
El relato de estas acciones llegaría a la villa de Torre Alháquime y quizás por el miedo a un enfrentamiento con las tropas cristianas los moros la abandonaron, hecho que aprovecharon los de Olvera para tomar la pequeña villa.
El Infante deseaba hacer el cerco de Ronda, mas sus consejeros lo disuadieron ofreciéndole que tomase la plaza de Setenil, menos fuerte a su juicio, después de expuestas las dificultades que planteaba la cercanía del invierno y la inexpugnabilidad con que la ciudad estaba dotada. Las lombardas fueron transportadas a las puertas de la villa y se comenzó el cerco. Desde allí el Infante mandó a Pedro de Estúñiga , justicia mayor del rey, que estaba en Olvera que fuese al castillo de Ayamonte, muy cerca de la villa para tantearla. Los moros, comprobando la proximidad del real y tras constatar que Torre el Alaquín estaba ya en manos de los cristianos la entregaron sin violencia.
Diecinueve días duró el asedio de Setenil sin que se lograran los objetivos propuestos. Reunido con su Consejo tomaron la decisión de abandonar sus propósitos, dado lo avanzado del otoño y el mal tiempo reinante.
Dos días después nombró en Torre Alháquime a Alonso Rodríguez de la Barrera como alcaide.
Mientras el real acampaba frente a Setenil se sucedieron varias acciones. Una de ellas fue la entrada de Juan de Velasco por tierras rondeñas con dos mil lanzas, hombres de caballo y unos cuatro mil peones. Allí permanecieron durante tres días sin que se diera ninguna acción significativa. Otro suceso ocurrió en los alrededores del castillo de Las Cuevas, cerca de Cañete que ya había sido tomado. Juan de Porras y Pedro de Barrientos acudieron con acémilas para cargarlos de trigo y cebada. Allí encontraron a unos veinte moros de a pié que los atrajeron a una celada de unos ochenta moros lanceros y ballesteros.
“…E estando ansí cubiertos llegó Pedro de Porras e començó a pelear con los moros. E tanto que llegó fue ferido de tres viratones, vno en cada pierna, e otro en la garganta, e fueron ay feridos otros dos e un paje…”
La muerte de los dos mancebos, Pedro de Porras y Pedro de Barrientos llenó de consternación a los cristianos, tanto que el cronista da en este capítulo una clase poliorcética: “… E los mançebos deven tomar ejemplo, que siempre deuen escusar la pelear con los vallesteros e lançeros de pie, siendo ellos a caballo, en la sierra e en los grandes recuestos, do los caballeros no pueden subir ni deçender sino a gran peligro…”
Con un alarde, que hace escribir el Infante a su cronista, cierra la actividad bélica en los lugares serranos.



[1] SUÁREZ FERNÁNDEZ, L.: Hª de España. Edad Media. Ed. Gredos, Madrid, 1977 pp. 482 y ss.
[2] ALVAR GARCÍA DE SANTA MARÍA.: Crónica de Juan II de Castilla, Ed. Mata de Carriazo, J. de, Madrid, 1982
[3] Ib. Cap. 30
[4] Ib. Cap. 52
[5] Ib. Cap. 56
[6] TORRES DELGADO, C.:  La fortaleza de Zahara de la sierra: Pérdida y recuperación. La incorporación de Granada a la Corona de Castilla, Granada, 1993
[7] Ib. Cap. 57
[8] Ib. Cap. 61

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